El hombre y sus circunstancias/ Julio Vallejo

La línea delgada entre mi opinión y la tuya.

Esto ha pasado a ser un relato común: Una ocasión llegue a la oficina, me senté y solo vi la pantalla de la computadora que me prestaban, aun no tenía espacio donde sentarme, desde ahí empecé a ver hacia el horizonte y me percaté que todos los cubículos de mis compañeros de oficina (godínez) estaban adornados con diferentes cosas.

Fue ahí, que aunque sea con un objeto, quise medir un pedazo de territorio.

Esto me hizo reflexionar y para no quedarme atrás, les pedí a los jardineros me consiguieran una planta, mínimo ese sería mi espacio. Inmediatamente me trajeron una planta denominada Epipremnum aureum, ¿chingón el nombre verdad?. Bueno, bueno, ya sin tanto alarde se le conoce como teléfono, te preguntarás que tiene de especial esta planta, pues para mí, la verdad mucho y más por lo que les contaré de ella.

Estaba el principio de la pandemia cuando la adquirí, recuerdo aquel día que llegó, estaba nublado, el ambiente frío, tan frio que se respiraba miedo por toda la oficina, por esa rara enfermedad que afectaría a todo el mundo, pero aquel día lo único que me importaba era adornar mi pequeño espacio.
Como si no bastara con el teléfono de la oficina, decidí tener una planta con el mismo nombre.

Mi primera impresión fue que estaba muy chiquita, luego se me vino a la memoria mi difunta tía Victoria, quien cada que despertaba lo primero que hacía era ir al jardín de la casa y hablarles a las plantas ¡se los juro!, es más luego hasta les cantaba: “la vidaaaa la desdiichadaa vidaaa” y yo así de ¡que pedo con mi tía!.

Para no quedarme atrás ante las tradiciones familiares, hablé con el teléfono y le dije: a partir de hoy yo seré tu dueño, el que te protegerá y cuidará, el que te hará brillar esos corazones de color verde que te crecen por tus brazos largos; y para consentirla, le compré un triciclo hecho de alambrón y la monte ahí.

La planta creció, se puso muy linda. Todos los que pasan la chulean, otros abusivos cuando no estoy le cortan para sacarle retoños, y así como toda una herramienta que sirve para comunicarse, platicamos todos los días. Días antes de presentar mi libro “La Delgada Línea”, observé que se estaba poniendo amarilla y algunas hojas se le estaban cayendo.

Muchos me dijeron que eran las malas vibras, otros que era el calor, el chiste es que llegó el mero día de la presentación y le dije: te ofrezco una disculpa por todo lo que estás recibiendo, toda esa mala energía.

Quiero pedirte que brilles y luches por ser la mejor planta, nada ni nadie te hará daño, tu eres hermosa y viniste a adornar mi espacio, no permitas que esa energía negativa acabe contigo, mejor comunícales floreciendo que somos fuertes y que prosperamos aunque nos manden ese tipo de energía.

A partir de ese día, noté un cierto cambio en ella, ya que se respira otro ambiente y una oxigenación más pura en mi espacio; al mismo tiempo, una sensación de protección que va más allá de un sutil abrazo repleto de energía positiva. Qué opinas de estas energías.

Tuya la suerte / Autor: Javier Vitela

Tuya la suerte, toda. No tuviste de por medio espiritismo alguno para rogar que te entregaran el entierro las almas en pena. Nada, nada filemón.
Pero algo en el fondo presentías.
Describirlo no podías con palabras, algo en ti te perturbaba; entendías que había que pagar algún precio, te sentías ansioso por ello. Se observaban la luna y tú, por ves primera captabas a la luna imaginativo. Clarísima la noche, de negritud pura, con chispas que irrumpían la profunda oscuridad; rompía la luna ese contraste, con su enorme personalidad bañada de argenta. Corrientes tus perros, los que te adoraban y se acurrucaban a un lado del cuero preñado de oro, mientras tú ilusionado te viajabas a mundos nuevos.
¡despierta ya filemón! Apura que el sol te empezara a dorar el rostro.
Filemón, no pierdas tu tiempo en tu sueño irreal. Despierta y vive. Disfrute tendrás en ello. Mira que contar bien los onzas debes.
Recuerda filemón, despierta a tu nueva realidad.
Filemón, filemón los perros ya se llevaron el cuero arrastrando filemón.
Regresa, no caigas en la trampa del tóxico aliento de los tesoros, de los gases envenenados. Sucumbe a tu realidad filemón.¿ O acaso no revisaste bien la vaca?
Tal vez tenía alguna mordedura de serpiente y te envenenaste con la carne.
¿Que fue filemón?
No te entrampes; no te huyas de ti.
Ya los perros arrastran los cueros de la res; ya los perros relataran tu leyenda. La del tesoro encantado; la del tesoro que nunca existió.
Moriste tu filemón, onza alguna jamás se vio. Ya los perros desgarran a tirones los cueros de la res, ya tu corcel ciego está,
Testigos de nada quedo.

Tantos recuerdos / Autor: Norandino Aranda (El Trovador).

Tantos recuerdos emanan
de esos tiempos ya pasados,
con los recuerdos se hermanan,
los ratos muy bien gozados.

Aquellas frescas mañanas
con sus cielos despejados,
de las aves festinadas
sus trinos bien acoplados.

Así son las madrugadas
de ese, mi pueblo encantado,
dónde un sol acrisolado
lo ilumina en la alborada.

Un bello cuadro enmarcado,
de tanta flora rodeado
y la blancura de sus calles;
que reviste el empedrado.

Así es Zozocolco amado
que el Supremo le ha brindado
dicha de ser admirado,
por aquel que en el ha estado.

De Norandino Aranda Palomino.
El Trovador.

PLAGIO DE LLUVIA / (FZG) Gabriel Rulfo

PLAGIO A LA LLUVIA

Le robaré a la lluvia la intención en tu cabello

y al limonero también

y al sol

y a esta canción que nace, mojada

y pertinaz entre sus hebras.

Le robaré el deseo

a la calle que te mira

y a la húmeda verdad que escurre de tu plexo

y del heraldo entre tus muslos. Te conozco,

humedad y muerte,

pequeña resurrección entre el delirio.

La lluvia quiere contigo lo mismo que los dos.

Y va de cómplice el deseo

de malva y girasol

de surco y de labriego

en el verso que te llueve

desde ya… y para siempre.

Le robaré a la lluvia la intención en tu cabello

para regar con ella cada trozo de tu cuerpo

y que germine la canción…

que brote de tu alma.

FZG. (Gabriel Rulfo)

NO CRUCES EL UMBRAL / Autor: (FZG) Gabriel Rulfo

NO CRUCES EL UMBRAL

Quédate en el umbral donde te invento

donde la luna no altere la marea de nuestras sangres

testigo inoportuna

de esta ola de espumas inclementes. Quédate ahí

a la orilla de la aurora, no nazcas con el día

no en un día como el de hoy

tan cubierto de asfalto y de blasfemias.

Quédate en el preámbulo de julio, desnúdate de alma

pero quédate ahí, en la última sombra de un orgasmo soterrado,

no florezcas con las nuevas azucenas

de una lluvia que no es nuestra

no con este último acorde de guitarra, no en la voz

aguardentosa de Sabina

ni en la magia de una hipérbole de Silvio, no,

no nazcas ahora mujer de mis canciones,

no quiero penetrar los faunos de tu cuerpo

que hiciera de los dos, el límite de un sueño.

Quédate ahí, donde el deseo sea solo la revolución que me faltaba

y la última vértebra de un sueño que sea eterno. No,

no cruces el umbral

me gusta tenerte ahí, donde te invento. Donde mi lucha

sea una parábola en tu pelo

y una luna con mareas que contradice…

la rabia de este verso.

FZG. (Gabriel Rulfo)

La inspiración

La inspiración

Y prosigo, me destierro del umbral que habito, de lo que no concierne al sentir. Lo que se queda quieto y no da imagen alguna, como un espectro y prosigo.

Me excluyo de la anarquía, de las cosas banales que no pertenecen a nada, ni siquiera en los vagos pensamientos cuando la mente se ofusca y ahí fallecen, en la nada.

¿La inspiración de dónde llega? Aparece en instantes, cuando disfruto de mis sueños, cuando despierto y observo la cúspide celeste repleta de refulgentes lucecitas que asemejan a los cocuyos que habitan en mi bosque, el que lo he hecho mío y formo parte de él.

Ahí nace y se mantiene, jamás se va solo se posterga, como aquellas caminatas entre hojarascas resecas en épocas de otoño, cuando corría contra el viento y semejaba un aeroplano, ahí también existía la inspiración y me atrapaba, me hacía cosquillas y yo solo sonreía.

La inspiración no se aprende se nace con ella, como el canto del ruiseñor que enciende las pasiones entre trinos de avecillas en las que forman parvadas y deleitan con sus armonías. Hay ocasiones que intenta desvanecerse, solo la observo y le doy sus tiempos, algunas veces, hasta más de lo que creo, pero cuando más la necesito se revuelve y forma remolinos en el inhóspito sentir de un enamorado de la vida.

 Y recomenzamos una vez más.

Edgar Landa Hernández…

Porque te amo / Autor: Carlos Eduardo Lamas Cardoso

Te amo por necesidad, por necedad. Por mi absoluta e ingenua terquedad.

Por decisión propia y porque me obligo a amarte entre latido y respiro.

Te amo porque eres mi dulce enfermedad y mi alucinante agonía.

Porque me derrumbas con una mirada y me levantas solamente con la esquinita de tu sonrisa.

Porque eres el sonido y el eco de mi voz, la que me guía y a quién llevo a mi destino entre mis brazos.

Te amo porque eres la lágrima más humilde y la más hermosa de mi llanto.

Te amo simplemente porque quiero amarte, sin opción a negación ni a negociación.

Porque eres el inmenso amor que siento en el universo de mi cuerpo y el grito eterno que nace en lo profundo de mi alma.

Te amo a cualquier hora y en cualquier minuto, en el momento justo o inexacto.

Cuando ríes, cuando lloras, cuando te alejas o cuando vienes a refugiarte en mi regazo.

Te amo por gusto y por vanidad, porque eres mi todo y también mi soledad.

Te amo de la manera más correcta y de la más errónea.

Con moralidad pero sin pudor.

Te amo porque me gusta amarte a pesar de que a veces tengo ganas inmensas de olvidarte.

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