Secuelas de vidas pasadas

Secuelas de vidas pasadas

Las manos en los bolsillos. Las pisadas continúan. Los momentos fugaces se quedan en eso. Nuevos aprendizajes, conocimientos que se adquieren y se vierten en el canasto mental a la espera de ordenarlos y poder emplearlos de forma perfecta. Las tardes son ahora prematuras sombras dibujando en el piso palabras de injusticias que se han ido sin previo aviso. La vida es un juego donde se pretende ganar a toda costa, aun arrasando al que menos tiene, al que la vida no le ha dado las mismas oportunidades.

He dejado por semanas de escribir. Me he atrevido a solo observar, a pretender quedarme únicamente con los instantes, lo que amo yo, volver a mirar a las fachadas en donde las ventanas son un escaparate por donde me ha de reflejar la sonrisa que me caracteriza.
Espero paciente, deseando verte, tomarte de tu mano y caminar sin prisas, riéndonos de todo y maravillándonos del caos, definir lo indefinible, atrapar lo pasajero y verterlo en nuestra calma.

Quizás mañana, o tal vez la semana próxima, volveré a escribir. A posar mis dedos sobre las teclas y escuchar el insistente sonido de las palabras, sus fonéticas y significados.
La intuición es una secuela de vidas pasadas, lo que fue, lo que es y lo que será. Hoy lo entiendo. Camino por la acera de enfrente, conociendo, aprendiendo situaciones que se me han olvidado, y mientras tanto, tomaré tu mano y no te dejaré ir.
Edgar Landa Hernández.

Al Maestro Mario Millán.

Al maestro (Millán) con cariño.

– Si quieres aprender, enseña. Cicerón. –

Le conocí una noche, previo a una velada poética que el Amigo Alberto Calderón y esposa me habían invitado con anticipación. Se presentó él como el profesor Mario Millán. Estreché su mano y le dije quién era yo.

Como si nos conociéramos de años, el Maestro Millán me compartía sus andanzas como profesor rural, las vicisitudes que tuvo que enfrentar al carecer de material didáctico para poder impartir sus cátedras a los alumnos de la sierra, así de cómo fue la manera de ingeniárselas para elaborar los libros que habrían de servir de herramienta para poder emprender su sueño, lo que le gusta y apasiona que es compartir sus conocimientos.

De mirada afable, de poca sonrisa, pero cuando lo hace la crea de manera sincera; de hablar pausado y sobre todo analítico, así es el Maestro Mario Millán.

Ha escrito cerca de siete libros, así como escribe poesía, hace ensayo, relato y cuento, aunado a que tiene un gran conocimiento sobre la lengua materna. Y qué decir cuando con una inmediatez logra con sus décimas atrapar pensamientos de una forma audaz y creativa.

A él le agradezco el haber escrito la cuarta de forros para mi libro “El hombre de las mil palabras”.

He compartido escenarios junto con él, así como diversas actividades literarias. El profesor Mario Millán, es el maestro que jamás deja de enseñar, siempre crea, comparte de su ser.

Dentro de sus múltiples facetas, también canta, toca la guitarra, el violín y la jarana.

Charlar con el Maestro Mario Millán es profundizar conocimientos, quedarse boquiabierto cuando da datos, fechas y cronologías de sucesos históricos que son parte de su acervo intelectual.

En nuestro programa radiofónico tiene su segmento denominado «La reflexión hecha poesía»

Hoy, en su onomástico, escribo este breve, pero emotivo homenaje al amigo, el escritor y poeta que me ha dado oportunidad de aprender de él y conocerlo como ser humano.

¡Muchas felicidades Amigo mío!

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

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ÁFRICA SIN CADENAS / Maricarmen Delfín Delgado

COMENTARIO A LA OBRA DE LA DOCTORA MARTHA ELSA DURAZZO

La esclavitud aparece a la par de los  primeros humanos en el planeta, los expertos en el tema han hallado evidencia de ello, lo mencionan como la captura de integrantes de otro grupo para servir en las labores de caza y trabajos pesados en beneficio del jefe del clan esclavizador en la prehistoria ; el hecho de someter a un ser humano en contra de su voluntad ha existido en todas las épocas y en todas las culturas, por ende, a la par debió haberse concebido el concepto de libertad, sin embargo, no figuraba en la mentalidad de ambos involucrados (esclavo y esclavizador).

La palabra libertad apareció por primera vez en el año 2,400 a. C., plasmada en un cono de arcilla con escritura cuneiforme que representa al Código de Urukagina de Lagash, como Ama-gi, que significa “manumisión de esclavos”; dicho código se considera el primer documento jurídico que quedó fijado en la escritura, ya que expresa claramente que se crea para combatir la corrupción y la injusticia en esa ciudad, como el primer intento jurídico para defender los derechos humanos.

En el siglo XVI, España, Francia, Portugal e Inglaterra fueron los países que más practicaron el esclavismo, primeramente, con los nativos de las Américas y años después invadiendo el continente africano, donde lo hicieron de la misma sanguinaria forma que aquí ya lo habían hecho. África, el continente del sufrimiento perpetuo, tierra rica en recursos con una población mayormente pobre del mundo.

Los historiadores que tocan el tema nos hablan de aquella época algunas veces con narraciones cercanas a la verdad, algunos autores más minimizando los hechos, pero la realidad sobre el sufrimiento y dolor narrados no se comparan con lo vivido en ese momento, sólo viajando en el tiempo, volviendo al pasado, lograremos saber, mejor dicho, revivir aquel terrible drama en carne propia. Gracias a nuestra viajera Inter dimensional nos convertimos en testigos y al mismo tiempo protagonistas de la cruda historia que había permanecido oculta ante nuestros ojos.

Somos un país multiétnico, nuestros orígenes son el resultado de una amplia mezcla de razas iniciada con la invasión española que alteró la pureza indígena con la sangre europea, más tarde por el contacto con las personas procedentes de África en calidad de esclavos, esta combinación sanguínea creció, creó una genética con características singulares predominantes hasta la actualidad, la mayoría de nosotros somos descendientes de pobladores africanos, llevamos dentro la tercera raíz, la que nos induce inconscientemente a pensar en ese pasado intrigante.

Así le sucedió a ella, la atracción por ese mar dónde navegaron cientos de embarcaciones cargadas de todo tipo de mercancía, la sumergió en sus cavilaciones, la llevó a penetrar a través de las páginas de un libro con sonidos de negritud, al centro mismo del escenario que se convirtió en el crisol donde se mezclaron la sangre, la humillación y la dignidad de una raza tan fuerte como el color de su piel.

La obra que hoy nos ocupa, nos lleva de la mano a recorrer un territorio devastado por la ambición y la barbarie, donde a pesar de imperar la fuerza de la maldad extranjera, sus pobladores luchan inútilmente para defenderse, con la consecuente pérdida de la vida y de la libertad a los que sobreviven a las despiadadas agresiones.

Martha Elsa Durazzo nos deleita nuevamente con su muy peculiar estilo, plasma con suave escritura la fuerza que le caracteriza imprime su personalidad en cada párrafo, la tinta lleva la esencia de una mujer sabia, conocedora de su actualidad pero también del pasado, con el que entreteje la realidad vivida y la historia cimentada en la investigación y la intuición.

La esclavitud como eje primordial de la novela, es planteado con tinte de veracidad, aunque se trate de una narrativa del género fantástico, ubica esta realidad claramente en un entorno de imaginación, viajamos con ella de un mundo a otro como en un sueño que al unísono se convierte en real, invitando al lector a sentarse junto a las protagonistas principales para sentir en la propia piel las sensaciones descritas.

La importancia de hablar sobre esclavismo y población africana llegada a América, es punto de partida para hacer una necesaria reflexión, como lo consigue la autora  al avanzar la trama, este fenómeno de migración involuntaria permeó la estructura social de la época de la Colonia, ya que se estima que entre los siglos XVI y XIX llegaron al continente americano cientos de miles de habitantes sacados con violencia de África para ser vendidos como esclavos en todo el territorio, dando origen a un tercer mestizaje obligado y circunstancial,  herencia genética que sobrevive hasta la actualidad.

En África sin cadenas, viajamos acompañando a los personajes, mujeres que denotan inteligencia, valentía y fortaleza, poderosas como toda mujer lo es, lo que autora marca en cada acción plasmada con claridad en el desarrollo, con imágenes claras describe la belleza del entorno, caminamos entre veredas, escuchamos el canto de las aves, el rugido de felinos, el baritar de los elefantes, percibimos el vuelo de las águilas en la cercanía. Con su diestra pluma nos hace testigos de la barbarie, de la violencia, de las transgresiones que los captores aplican para adueñarse de esas vidas, de esos cuerpos, de su humanidad.

En medio de un torbellino de fuertes emociones, sintiendo indignación, impotencia y rechazo por aquellos hombres que torturan, violan despiadadamente y asesinan sin distinción, Martha nos brinda un descanso, apoyada en la anacronía nos permite ir de un contexto a otro, de la época donde se desarrollan los cruentos hechos a la tranquilidad cotidiana que comparte la narradora, con saltos en el tiempo nos hace partícipes de dos historias, de dos épocas, de dos vidas, entrelazadas por la magia espiritual y la magia de la escritura.

Cabe mencionar que nuestro estado es uno de los lugares donde más se concentró la población negra, existen datos que dan cuenta del fuerte vínculo de Veracruz con África, al ser el punto de comercio entre Europa y América, reforzado por la necesidad de esclavos que sustituyeran a la población indígena que menguó a causa del maltrato y las epidemias, para trabajar en plantaciones y labores domésticas, así como en otras actividades denigrantes.

Como connotada escritora e investigadora, su pluma revive, mediante la narrativa de ficción, el origen de un gran personaje, prácticamente desde la gestación hasta la etapa que lo ubica como singular libertador, a través de las vicisitudes y hazañas de la madre, que ante la muerte del progenitor y rey de la tribu, recibe el mensaje y la fuerza sobrenaturales para llevar a buen fin el destino del príncipe esclavo;  hechos que el lector siente vivir llevado por habilidad envolvente de la escritora.

Magia y realidad entretejidas, escenas de paz interrumpidas por el peligro, hechos entintados por el carmín de la sangre que corre inevitablemente; el papel del intruso blanco en tierras ajenas a su origen, ya fuera como invasor llamándose conquistador, como esclavizador o como parte de una sociedad asentada por conveniencia en estas tierras. En el avance de la trama, los personajes van tomando su lugar histórico, la dama de sociedad rodeada de la servidumbre negra con una vida de lujos pero intrascendente, el hombre casado sin amor pero por conveniencia, el comercio de todo tipo incluyendo al ser humano como mercancía, la degradación de la persona por su origen racial, el catolicismo como tarjeta de presentación social pero solapante de actos inhumanos e inmorales.

Martha Elsa nos regala esta excelente novela de ágil lectura y disfrutable ambiente literario, obra que lleva implícitos significados de las virtudes humanas como el valor a través del león, la fuerza con la figura del elefante, la audacia e inteligencia evocando al pensamiento como vuelo de águila, la entereza de la mujer como leona amorosa y al mismo tiempo agresiva para defender a los suyos. Llama la atención el manejo de la narradora como personaje en un juego de identidad a veces propia, otrora como la clarividente viajera en el tiempo y el espacio.

África sin cadenas, testimonio novelado en una conjugación de necesidad añeja, tributo a la herencia cultural y genética, rescate literario de la libertad secuestrada.

   Cuánto gané, cuánto perdí




                                                  Cuánto gané, cuánto perdí

Justo después de terminar mi jornada laboral el día de ayer, una noticia hizo que permaneciera un rato más frente a la computadora. En un comunicado vía redes sociales, informaban que el cantautor cubano, Pablo milanés, culminaba su ciclo en la tierra, a la edad de 77 años. Murió lejos de la tierra que lo vio nacer. Su ciclo se cerró en Madrid, España.
Inmediatamente, vino a mi recuerdo su fisonomía, regordete con su cabellera china, abundante y sus lentes. Y sobre todo sus canciones. Una ocasión, siendo yo un adolescente, compré un casete en la otrora Comercial Mexicana, con melodías de Pablo y Silvio Rodríguez. Estaba en pleno apogeo en México la trova cubana.
Mi padre, como buen bohemio, contaba con la amistad de dos jóvenes que, magistralmente interpretaban la música del caribeño. Cabe destacar que el día que mi padre murió, uno de ellos cantó el unicornio azul, de Silvio Rodríguez.
Pablo Milanés, a través de su música, encendió las velas, remojó los labios, sus arpegios fueron abanicos en pleno sol que mitigaron el cansancio creando esperanza donde no la había.
Le cantó a su patria, a su madre, a su vida, así como a Yolanda. (Dedicada a la figura de su gran amor, Yolanda Benet, con la que estuvo casado seis años, entre 1969 y 1975. Una parte de la melodía decía así “Esto no puede ser no más que una canción, quisiera fuera una declaración de amor”
El viento otoñal sacude recuerdos, recrea escenarios, las fechas se marcan con tinta y música.
Hoy, Pablo Milanés deja un vacío en los corazones de la gente, para convertirse en leyenda inmortal por el resto de nuestros días.  
Termino mi texto mientras la música crea en mí la armonía, lejos del caos que afuera me espera con restos de humedad.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.
 
 
 
 

PIENSO, LUEGO ESCRIBO / LA REVOLUCIÓN. OTRA VISIÓN / Por: Akiles Boy*

Sin ninguna aspiración a ser historiador, desde la primaria me atrajo la historia, sin importar que en esa época se reducía a un ejercicio de la memoria. La estricta profesora Chelo, de cuarto grado, la imponía como primera actividad de la jornada escolar, una plana de la efeméride del día. Así descubrí el gusto por la historia y sus personajes. Pocos años después, caí en la cuenta de que había una “Historia Oficial o Institucional”, la de los textos, la sagrada e incuestionable, la que los educadores de antaño enseñaban en las aulas. Pero, había otra diferente, la que escribían aquellos acuciosos investigadores independientes,  críticos o alérgicos al sistema.

Ante el inminente aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, la primera del mundo en el siglo XX, recordé los festejos por la celebración en los pueblos, eran los tiempos de los desfiles deportivos, cuando los profesores e instructores de educación física, con antelación planeaban las tablas o conjuntos de evoluciones en las que participábamos todos, con instrumentos o accesorios como banderas, pelotas multicolores, etc., individualmente o en grupo,  haciendo piruetas o pirámides humanas, en medio de las calles y avenidas donde pasaban los contingentes de las escuelas. En días previos, se hacían la demostración de los ejercicios y ensayos obligatorios.

Era una celebración para prodigar la imagen de los grandes héroes del movimiento revolucionario, que pondría fin a la Dictadura del General Porfirio Díaz. En ese recuento de personajes protagónicos, sobresalían Francisco I Madero, Emiliano Zapata y Francisco Villa, cada uno con la narrativa sobre sus épicas batallas y los ideales que aportaron a la movilización social. Aquella guerra interna con el sacrificio de muchas vidas, mostraría la dramática realidad del País, principalmente en la provincia y campo mexicanos, en los cuales permeaban ignorancia, pobreza y atraso descomunales.

Como todo en la vida, es cuestión de perspectiva, se puede estar al lado de los historiadores que escribieron esa versión oficial, impuesta por el sistema educativo, por medio de la escuela y los docentes que la replicaban y evaluaban el aprendizaje de memoria, evitando la reflexión y la crítica de los aspectos fundamentales de aquel acontecimiento transformador de la situación social, política y económica del País. Esa certeza la tenemos, porque hay coincidencia en la convulsión que vivió México en esos años, a partir de 1910, y hasta su pacificación, al concluir la sucesión de emboscadas y traiciones entre los líderes revolucionarios.

Esa variedad de visiones y versiones de la historia de la revolución ha generado información necesaria para conocer a cada prócer y villano en una más precisa y justa dimensión. De tal manera que siempre habrá apologistas y detractores de Díaz. Madero, Zapata, Villa, Carranza, Obregón, hasta llegar a Elías Calles. Por ejemplo, a Porfirio Díaz se le adjudica haber iniciado el proceso industrial y la notable expansión de las vías de comunicación del País, además de una prolongada etapa de paz social. Sin embargo, es uno de los villanos favoritos, al acusarlo de dictador, por mantener el poder más de treinta años; de represor de los movimientos agrarios y obreros; y por el brutal atraso que desnudó el levantamiento armado, exhibiendo al mundo la miseria que campeaba en el medio rural mexicano.

A una gran distancia, ya se gastó demasiado en tinta y papel, escribiendo, reescribiendo o haciendo historias de ficción sobre la revolución, este modesto escriba o triste pensador, tiene la firme idea de no abundar o profundizar más sobre esa gesta heroica, pero haciendo ejercicio de la libertad de expresión, se permite concluir esta entrega con su particular punto de vista. En la historia oficial, está probado que hay verdades y mentiras, algo equivalente a “La verdad histórica”. Por supuesto, que la revolución hizo evolucionar la vida nacional, hubo una más dinámica movilidad social, al ampliarse el panorama de derechos y oportunidades para los mexicanos, se empezó a reducir la brecha de la desigualdad, marcó el surgimiento de una robusta clase media, y mejoraron las condiciones del campo, la educación y la cultura. Por otro lado, sirvió de estandarte y fundamento ideológico, para una nueva clase política, que ascendió al poder y creó un partido político vigoroso, integrando a los diversos sectores confrontados, y convertirlo en uno de los más longevos del planeta como fuerza hegemónica y oficialista. Por razón de brevedad, aquí termina el texto. Hasta la próxima.

21 de Noviembre de 2022

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.

SOMOS COLECCIÓN DE MOMENTOS / Maricarmen Delfín Delgado

COMENTARIO A LA OBRA POR JAVIER VITELA PABELLO

Fragmentos de vida es el título del libro que fue inspirado a partir del curso de Narrativa Personal impartido por el maestro Alberto Calderón Pérez, es una remembranza de imágenes que han trascendido en el recuerdo, que con las herramientas aprendidas en el curso, se han integrado en este libro cuya emotividad queda delineada formando un bosquejo de figuras que cobran vida y se   manifiestan en nuestro presente.

Recuerdos, todos, que nos remiten a nuestra niñez, adolescencia y hasta vivencias de nuestro tiempo actual son experiencias de vida que se combinan en el crisol de la memoria, los que hacen esa pirotecnia de emociones y que transportan a la actualidad, imágenes que estaban dormidas en nuestro subconsciente.

Relatos como Mi cajón de bolear de, Ernesto Sánchez, evocan una niñez donde la atmósfera y el colorido en la narrativa es tan nítida que nos hermana con el sentimiento de angustia cuando se desfonda el cajón de bolear, o la narrativa de Haydé Zamora titulada El bullicio del silencio, nos atrapa en la fina metáfora con la que fue escrita envolviéndonos en esos silencios de ecos internos que todos alguna vez hemos experimentado.

El primer encuentro con el misterio de la muerte y la tragedia humana aunado al instinto de los que todos en algún momento hemos hecho uso queda patente en la narración titulada Dulce ataúd, amarga predicción. El destino, y las trampas del tiempo que nos van tomando la medida moldeando de manera caprichosa nuestras vidas queda definido en El viaje que duró casi 20 años, de Marissa Molina. El encuentro con viejos amigos que culmina con desencuentro lo podemos identificar en la perfecta escritura de Maricarmen Delfín cuyo título es Encuentro cercano de la tercera edad.

La calidez del hogar y la vida apacible de una persona de la tercera edad con aire de nostalgia, de un matrimonio bien avenido que ha cumplido a cabalidad con su cometido de educar a sus hijos convirtiéndolos en profesionistas lo expresa la narrativa titulada Las Fuentes. Fobias que desde la niñez persisten de manera implícita en nuestro diario vivir, temores ellos, tal vez, sin fundamento que sin embargo de haber tratado de superarlos se han quedado tatuados en nuestra personalidad se describen en la narrativa de ¿Superado?.

Las travesuras de la niñez, que ocasionan daños al vecino mediante el disparo de un rifle de diábolos y es amonestado por su padre y que a pesar de los daños infringidos no tiene repercusiones de tipo monetario, es descrito en el relato titulado El juguete, escrito por Antonio Pacheco. Pertenencias es un claro ejemplo de una familia tradicional mexicana que hace énfasis en el respeto a la naturaleza y en los valores familiares al encontrar disfrute en las cosas con las que cada día convivimos en nuestra cotidianidad, relato de Blanca Vargas.

La capacidad de apreciar en las cosas simples la grandeza que intrínsecamente tienen, colección de inquietudes inherentes a la condición humana y que son el común dominador que persiste en la mayoría de nosotros como complejos que dan ese distintivo a la manera de ser de cada persona, que nos hacen tan particulares son expresadas de manera tan cotidiana que nos acogen en la intimidad de cada participante involucrándonos de manera empática con el sentido de vida de ellos.

En estos trabajos sustentados por las técnicas narrativas aprovechadas en el curso se realiza una lectura fácil y amena donde queda patente los sentimientos que distinguen a cada participante del curso, se identifica inmediatamente un estilo particular que hacen el distintivo entre una narrativa de otra.

En esta colección de relatos personales participan convidando experiencias: Ernesto Sánchez y Pérez, José Antonio Pacheco Panamá, Blanca V. Vargas López, María Haydé Zamora García, María del Rosario Ortiz Pérez, Gabriel Sánchez Hernández, Marissa Molina Prior, Elba Prior Domínguez y Maricarmen Delfín Delgado, donde cada autor nos comparte sus experiencias más sentidas en cada relato, para regalarnos un fragmento de vida.

El gran libro de la vida

El gran libro de la vida

En el gran libro de la vida, son las personas, causas y sucesos las que nos conllevan a escribir día a día, llenando de memorables momentos, cada actuación que a través de nuestras decisiones se van acumulando, vivencias únicas e irrepetibles, pero que son parte fundamental en el aprendizaje diario. Jamás algo llega por casualidad, son las causas conscientes o inconscientes las que de alguna forma son las piezas que necesitamos para formar nuestro gran rompecabezas.

La atracción consciente es cuando manejamos nuestros pensamientos. Y la atracción inconsciente cuando dejamos que fluyan por si solos para que funcionen libremente.

Las personas llamados amigos, o seres que de una u otra forma se han ganado nuestro afecto y cariño, amalgamando sentires que envuelven un entorno prodigioso, excelso y maravilloso; son gente que aporta cierta dosis de conocimiento para la plena evolución, logrando una alquimia entre dos seres que progresan continuamente. Todo lo que nace del amor está llamado a tener éxito y prosperar

Hay una frase que me encontré y la comparto con Uds.

“Que no te falte un beso que cause temblor; que no falte una caricia que te produzca calor; que no falte en tu vida… Un café, un libro y un amor…”

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

Introspección

Introspectiva

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí. Las múltiples actividades que complementan mi vida me han tenido maniatado. No he vuelto a usar los bolígrafos que me obsequiaron mis alumnos del curso de creación literaria. Las cartas obsequiadas siguen dentro de mi maletín. He leído más de lo que imaginé, he aprendido tácticas de locución para dar un mejor programa a mis radioescuchas. Eso me hace sentir bien. Soy agradecido con todo. Hoy fui más feliz, debido a que mi amiga y maestra Lilith Tagle ya me trajo su nuevo libro.

«No será eso que nos detenga» Lo leeré detenidamente y tengo la plena seguridad que saldré de la lectura con nuevos aprendizajes. 

Quizás mañana vuelva a retomar el suspiro y lo plasme sobre las hojas blancas que ya me miran con rencor. Mis personajes ansiosos de participar en mis cuentos también se enfadan y me gritan. Se desesperan y algunos se esconden, otros más, desaparecen. Hoy escribo a través del móvil. La computadora la he dejado descansar un rato. 

Mientras trato de ser feliz, prosigo en la búsqueda de incrementar las obras buenas que hagan que mi sonrisa se mantenga del tamaño de una rebanada de sandía.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Édgar Landa Hernández.

NI TE PREOCUPES / Maricarmen Delfín Delgado

Por fin llegó el día tan esperado, cuando recibí la invitación para esta grandiosa fiesta pensé que no habría problema para organizarme ya que aún faltaban varias horas para que se realizara, pero como soy precavida, decidí revisar mi ropero en busca del atuendo que llevaría para lucir de acuerdo con la fecha, me gustaría ponerme mi chal con coloridas flores sobre un ropaje negro, al abrirlo me dije: no tengo nada que ponerme, ni modo, ya veré como consigo algo para mañana.

Me sorprendí al saber  que los conocidos de mi colonia también estaban invitados, que todos estarían en la celebración para convivir con los asistentes, me emocioné aún más y como solidaria vecina, fui de casa en casa preguntando qué llevarían para compartir porque, como en toda fiesta mexicana, lo más importante es la comida como parte de nuestra identidad y añeja tradición, yo llevaré chocolate pero no podré llevar el pan, alguien me dijo: ni te preocupes, allá habrá mucho, en los altares no puede faltar, nosotros también llevaremos algo sabroso que estimule el recuerdo y los sentidos.

Hay mucha gente saliendo del vecindario, todos se apresuran para tomar su camino, se mezclan unos con otros pero con cierto orden, primero, las mascotas saltan de aquí para allá seguidos por los niños, ellos también corren y avanzan adelante de los adultos, los mayores sonríen caminando con parsimonia como si el tiempo no les importara, su andar es tan lento que parecieran flotar. Aunque todos llevamos prisa por llegar a nuestro respectivo festejo, se respira la calma y la alegría, se nota que es un día de fiesta, un día especial, después del encierro en que hemos estado.

Por fin llego, en la puerta me encuentro a mis vecinos que se organizan para entrar, espero un momento, uno de ellos me dice: parece que nosotros nos tenemos que acomodar donde está el camino amarillo, a un costado del altar donde el cempasúchil y las velas nos iluminarán mientras estemos con ellos, después probaremos todo lo que está colocado en la mesa que adornaron con tanto esmero para la celebración.

Veo a mis amigos, mi corazón parece salirse por la  emoción, sonríen y bromean, recuerdan anécdotas, los momentos en que hemos estado juntos, los días difíciles compartidos que se afrontaron con entereza y solidaridad, surgen reflexiones también nostalgia, finalmente retoman el ánimo para seguir charlando con nosotros.

Después de un rato algunos se despiden, comentan que también tienen que ir a celebrar con su familia pues saben que en estos días los esperan con mucho amor para consentirlos con las viandas que a ellos les gustan, deben apresurarse para aprovechar el tiempo que estarán juntos ya que tendrán que regresar al barrio donde ahora vivimos.

Por fin se desocupan, me levanto para ir a saludarlos pero están distraídos charlando, no insisto, ya habrá otra ocasión para  ponernos al corriente; aprovecho para regresar a casa con mi comadre que vive al lado, me dice que estuvo muy hermosa la fiesta, le comento que no pude vestirme como quería ya que mi ropero estaba vacío, así sucede, me responde, cuando una se va la familia todo regala, mira, ni te preocupes, con las flores del altar podrás adornarte, aprovechemos esta ráfaga de viento para volver a nuestro lugar pues hoy fue un día muy ajetreado, mañana descansaremos para volver con los nuestros cuando el aire de otoño remueva los recuerdos.

Imagen: Internet, Poema del alma, Louis Janmot (1814-1892)