Se disuelve el pensamiento
Las aguas revueltas retoman su cauce. Si apenas, unas ondas permanecen.
Forman espirales interminables. Si tan solo pudiéramos detenernos un instante y mirar, todo lo que se esconde allá, lo que habita aquí, seríamos otros.

Nos refugiamos en el rastro de la soberbia, las huellas se marcan y es imposible hacerlas desaparecer. Si tan solo cubriéramos nuestra búsqueda con el afán de espolvorear el amor que se nos brinda, el que apacigua la intranquilidad, entonces ahí, responderíamos de buena manera.
Está tan cerca el ocaso.

Las manos se agrietan y las fuerzas menguan. Una partícula de polvo se levanta de entre la nada, sube y sube y después, deambula, recorre espacios, convierte en rehén la mirada, así como la esperanza.

Los poderes chocan, es una disputa entre el bien y el mal. No siempre el bien triunfa.
Y entonces sonrío. Es como un acto de amor infrenable el escribir. El tener la dicha de acomodar las letras y conformar pensamientos. Ideas con la necesidad de hacer el bien, de ser escuchado.

Es la petición de no engancharse con la soberbia, hay personas extraviadas, otras no tanto, y nosotros. Los que buscamos la ruta exacta. Los que en silencio y discreción miramos hacia arriba. Y agradecemos. Por la vida, por lo tangible, por lo intangible. Por aquel que carece, por aquel que su mirada se ha perdido y su esqueleto denota la necesidad de un pedazo de pan.

Sigamos caminando. Con la misma ilusión de descubrir los pasajes que nos guíen a la ruta deseada. Con los labios amordazados. Sin herir al prójimo.

La lluvia no cesa, la tarde cae sin prisas. Se diluye el pensamiento.

Edgar Landa Hernández.

SALVADOR DÍAZ MIRÓN EN SU OBITUARIO / Por: Alberto Calderón P.

Sunombre de bautizo fue Salvador Antonio Edmundo Espiridión y Francisco de Paula Díaz Ibáñez Nació en el Puerto de Veracruz el 14 de diciembre de 1853.  Se conoce más su trayectoria como poeta, también ejerció desde muy joven como periodista ( a los 14 años), fue director del Colegio Preparatorio de Xalapa y Veracruz, maestro y diputado local por Jalacingo en su etapa política.

Su padre Manuel Díaz Mirón fue gobernador del estado, se le atribuye una frase que era común en los panteones que dice: «Aquí la eternidad empieza, y es polvo la mundanal grandeza». Realizó algunos estudios en Xalapa, regresa a Veracruz, a su padre no le gustan sus amistades y lo manda a los Estados Unidos, al regresar sabe inglés, francés, latín y un poco de griego.

Años después dirige El Veracruzano, un periódico de su padre, ataca al porfiriato al que posteriormente se adhiere junto a otros importantes poetas de la época como Manuel Gutiérrez Nájera y Amado Nervo. Viaja del “modernismo” de la época al “naturalismo” poético.

De carácter explosivo, tuvo muchos problemas a lo largo de su vida uno de ellos a los 25 años donde pierde la movilidad de uno de sus brazos eso lo hace identificarse con Lord Byron y Cervantes a quienes les dedica poemas.

Algunos de los poemas de Salvador Díaz Mirón se publicaron en diversos periódicos y revistas, algunas antologías fueron recogidas en El Parnaso Mexicano, pero la recopilación completa apareció en una edición no autorizada que publicó en Nueva York la Casa Beston & Ca. en 1895.

A pesar de la contrariedad del poeta veracruzano, el libro se volvió a publicar en 1900 en París, por la Vda. de Bouret, quien dos años después también le publicaría a otra destacada veracruzana, nacida en Coatepec, Ver. A María Enriqueta Camarillo, sus libros Rosas de la infancia.

En medio de su atribulada vida, Díaz Mirón vivió un tiempo en Xalapa, en la “Quinta Rosas” frente al Parque de Los Berros, en ese lapso decidió a reunir poemas inéditos y los editó en el libro Lascas con el apoyo del entonces gobernador Teodoro A. Dehesa. La publicación quedó lista el 29 de junio de 1901 con 40 poemas, 1 618 versos, un prólogo, dos palabras y una-nota.

Famosa es su frase del poema A Gloria «Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡mi plumaje es de esos!».

Xalapa2000@hotmail.com

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO).

MI NUEVO EDÉN /Autor: Raúl Silva

Ahora vivo en un nuevo hogar.
Mi mente ya no se encuentra enredada como una raíz de mangle.
Mi cuerpo es como una esponja marina que absorbe el nuevo conocimiento de lo que es bienestar.
Las meduzas me han enseñado a esconderme del mal y del fango maloliente, voy entre abundantes algas y líquenes marinos.
Antes fui un maya que vivía cerca de las lagunas de Tiankán.
Era infeliz por la intolerancia de la raza humana y su afán de destrucción.
Ahora vago por islotes impenetrables sin saber cómo hago para avanzar entre barreras de mangles.
Unas fragatas me prestan sus alas para llegar a un destino incierto pero confortable.
La naturaleza me conquista.
No quiero ir a otro lugar que no sea este Edén terrenal.
Ahora mi cielo es mucho más azul.
Mis interlocutores son los pelícanos y garzas blancas del agua azul donde me encentro, que me han enseñado su maravilloso lenguaje, positivo y pacífico, distinto al beligerante de mis hermanos humanos.
Ellos, mis nuevos, amigos, podrán
sobrevivir en este globo terráqueo, por más, que los violentos volcanes, huracanes y pestes quieran
aniquilarlos, porque desconoces y han descartado de su conducta los vocablos, destrucción y violencia.
Me encuentro a salvo de maldad, desamor y lascivia, rodeado de amigos flamingos rosados, halcones peregrinos y águilas que me prestan sus alas para desplazarme por este paraíso terrenal.
Mi nuevo Edén.

Raúl Silva.

POR EL SENDERO DE LA VIDA / Autor: Javier Vitela

Vamos vida, alúmbrame, acompaña mi jornada, ilumina el rito diario de mi existir.
Colma mis sentidos y camina junto a mi, ven, ven alumbrame, que todavía no amanece.
Vamos, andemos, por el sendero oscuro aquel, para que tu luz brille más; para no plasmar mi sombra sobre esta tierra infértil que remiten a la duda de mi existir.
No ilumines sobre mis pies, no quiero ver esas holladuras que evocan las cicatrices del peso de mi ser.
Livianos viajemos, alumbra el sendero, alúzame las piedras con las que tendré que tropezar.
Baja tu luz, no alumbres demasiado, los árboles nos hacen sombra y sus arbustos me asustarán.
No alumbres más allá, nunca veré el fin del caminos y las bifurcaciones me confundirán.

Vida apura al amanecer, para el flotar de las nubes ver y comprender la sublimidad; vida no te vayas sin mi, cúbreme con tu luz y acércame a ti para que mi rostro resurja de las tinieblas y atestigue mi existir, pero vida no me alumbres demasiado, pues ciego quedaría de ti.

Todo es pasajero

“Todo es pasajero”

Dice la frase que nada es para siempre. Somos pasajeros que contribuimos de cierta manera a pulirnos y a ayudar a pulirse a los demás. Todo dura lo que debe de durar, aunque la mayoría de las veces nos aferramos a algo que ya se fue y seguimos mostrando el interés hacia ese suceso o persona y nos quedamos mudos sin poder decir palabra alguna.

Detenerse un breve instante y voltear al pasado no es malo. Es poner en la balanza de la vida lo bueno y lo malo que hemos hecho. Recordar nuestra infancia, parte de nuestra juventud y aun en nuestro presente, es reencontrarse con la gratitud de proseguir en este viaje en el cual somos pasajeros.

Algún día nuestro itinerario finalizará, pero se quedará nuestro recuerdo en los corazones de todos aquellos que tuvieron la alegría de compartir con nosotros.
¿Qué hemos hecho? ¿Hasta dónde hemos llegado? Son algunas de las interrogantes que a veces nos hacemos. Nuestros ojos cansados miran ya de una forma inusual, ahora contemplan, disfrutan del entorno y se maravillan del color del sol. ¿Será acaso que confundimos la humildad con la sencillez?

La vida no sería vida si no estuviera prevista de escollos y vicisitudes a las que debemos de enfrentarnos día a día, es enfrentar nuestros miedos y lograr crear una atmósfera en donde encontremos las herramientas necesarias para poder proseguir.

Mi padre con la experiencia que había adquirido a través de los años alguna vez me dijo” no te empecines por ver más allá del horizonte, será a través de tu camino que un día llegarás y atestiguarás que lo que buscabas no estaba allá a lo lejos” Y la vida de mi padre también fue pasajera. Duró lo que debía de durar. Y así lo acepté.

Hoy sigo siendo pasajero, del ayer, del hoy y quizás del mañana que aún no llega, pero mientras eso sucede me sigo maravillando de la gran obra de Dios…

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández…

DIÁLOGOS CON JAVIER ORTIZ Y CARLO ANTONIO CASTRO / Por: Fernando Hernández Flores*

Me reunía frecuentemente con Javier Ortiz Aguilar en las oficinas de la Coordinación General de la Universidad Pedagógica Nacional con sede en Xalapa, por aquellos años cuando comenzaba a incursionar en esto de la escritura de artículos periodísticos. Un día me citó para ir a visitar a un personaje muy importante en el ámbito académico e intelectual. Una persona que había escrito sobre una tal «Lupe la de Altotonga». Nos vimos temprano por maestros veracruzanos y tomamos el taxi para ir a la casa del distinguido maestro Carlo Antonio Castro.

Cuando llegamos, su esposa nos recibió con un «pasen están en su casa». No tardó demasiado en llevarnos directamente con el maestro. Al vernos, se levantó de su silla y nos saludó a Javier y a su servidor. En la casa del ilustre investigador, hubo suficiente tiempo para dialogar. Alrededor de él se encontraban varios medios de comunicación locales, en los cuales seguramente ya se había sumergido en sus lecturas. Entre sus comentarios, nos informó que estaba preparando unos sonetos en honor a la obra de Cervantes de Saavedra, «El Quijote de la Mancha». Además que, en la Señorial Misantla a futuro presentaría un libro con relación al idioma originario, el totonaco misanteco. Era un hombre muy sabio y culto. Hablaba muchos idiomas de México y de otros países.

En seguida nos mostró y regaló la revista «El Tuno», editada por el Colegio Preparatorio de Xalapa; con Esteban Rizo Báez como director fundador de la Tuna y director de la Revista, teniendo como asesor general al Doctor Honoris Causa por la Universidad Veracruzana, Carlo Antonio Castro.

En el Tuno podemos encontrar una variedad de autores comprometidos con el arte del buen escribir, amantes de la poesía y de la musicalidad que en ellas se puede constatar. El número veintiuno de la revista se dedicó a las ciudades de Córdoba y Orizaba. Sin embargo, se hace una mención especial en el Tuno al escritor Emilio Carballido, hombre de letras, dramaturgo y narrador. De la revista, al leerla, se pudo rescatar el siguiente soneto de Carlo Antonio intitulado «El verso en sí»:

“El soneto se da sin más escándalo / porque sabes la lengua en que lo escribes; / con bien cortada pluma no te inhibes / y el opúsculo surge, así cantándolo.

Si el poema aparece, no te prives / de aprovechar fielmente el don y mándalo / entintar bien, a fe mía, dejándolo / que circule entre gente con quien vives.

Casi está ya el soneto acalorado / y los grados prescritos alcanzaste / con cualquier vientecillo que ha soplado.

No te ufanes si aliento exhalaste: / como gestor del verso transpirado / procura que su sabia no se gaste.”

A pesar de estar recién operado, por aquel tiempo, Carlo Antonio Castro seguía siendo un hombre con un gran espíritu de lucha ante la adversidad. Fue una persona amante de las letras, caracterizándose por su dedicación permanente a la escritura y sus análisis desde la lingüística. A través de sus obras, Antonio Castro nos enriquece y hace viajar a mundos desconocidos de nuestra bella patria, como son los lugares de Chiapas, Altotonga, Atzalan, Tlapacoyan y Jalapa. Su amor por el arte de escribir va más allá del simple hecho de nombrar las palabras, sino también de interpretar los mundos como menciona León Portilla en su poema «Cuando muere una lengua». Los instantes que me regaló Carlo, mostró ser una persona seria, honesta y muy concentrada en su quehacer literario. Carlo Antonio convivió de cerca con el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, ambos le dieron origen y prestigio a la Facultad de Antropología y al Museo de Antropología de la capital veracruzana.

Carlo Antonio Castro tuvo una formación como antropólogo, lingüista, poeta, etnólogo y autor de «Los Hombres verdaderos», «Lupe la de Altotonga» y «Jalapa: años treinta y cuarenta del siglo veinte». Convivió con tzeltales, tzotziles, totonacas y otros grupos étnicos del país. En ellos, se puede apreciar el recurso metodológico que utiliza el autor a manera de «historia de vida», herramienta fundamental de connotados antropólogos. Su interés por la lengua náhuatl y el reconocimiento que tiene de ella, sobre todo en la influencia que hay de la misma en nuestro hablar actualmente, es de suma relevancia, así como de reflexión y análisis para los lingüistas.

En otra ocasión, escribí sobre «El Señor Tlacuatzin», un libro de su autoría. El libro está bien documentado y se me ocurrió mencionar que había maneras de comer al tlacuache en el mismo texto. Cuando fui a ver al maestro Carlo Antonio, me llamó la atención que los defensores de los derechos de los animales le habían llamado porque había comentado sobre este marsupial y cómo es que se lo comían. Tuvimos la oportunidad de caminar por las áreas verdes de Las Ánimas con Javier y con Carlo Antonio. Con ambos tuve la oportunidad de aprender y comprender varias cosas desde mis pensamientos aún juveniles, hoy los recuerdo, Carlo Antonio de El Salvador y Javier de Altotonga. Los dos eran muy conocedores de los afrodescendientes, los pueblos originarios y de los trabajadores del campo.