Introspección

Introspectiva

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí. Las múltiples actividades que complementan mi vida me han tenido maniatado. No he vuelto a usar los bolígrafos que me obsequiaron mis alumnos del curso de creación literaria. Las cartas obsequiadas siguen dentro de mi maletín. He leído más de lo que imaginé, he aprendido tácticas de locución para dar un mejor programa a mis radioescuchas. Eso me hace sentir bien. Soy agradecido con todo. Hoy fui más feliz, debido a que mi amiga y maestra Lilith Tagle ya me trajo su nuevo libro.

«No será eso que nos detenga» Lo leeré detenidamente y tengo la plena seguridad que saldré de la lectura con nuevos aprendizajes. 

Quizás mañana vuelva a retomar el suspiro y lo plasme sobre las hojas blancas que ya me miran con rencor. Mis personajes ansiosos de participar en mis cuentos también se enfadan y me gritan. Se desesperan y algunos se esconden, otros más, desaparecen. Hoy escribo a través del móvil. La computadora la he dejado descansar un rato. 

Mientras trato de ser feliz, prosigo en la búsqueda de incrementar las obras buenas que hagan que mi sonrisa se mantenga del tamaño de una rebanada de sandía.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Édgar Landa Hernández.

NI TE PREOCUPES / Maricarmen Delfín Delgado

Por fin llegó el día tan esperado, cuando recibí la invitación para esta grandiosa fiesta pensé que no habría problema para organizarme ya que aún faltaban varias horas para que se realizara, pero como soy precavida, decidí revisar mi ropero en busca del atuendo que llevaría para lucir de acuerdo con la fecha, me gustaría ponerme mi chal con coloridas flores sobre un ropaje negro, al abrirlo me dije: no tengo nada que ponerme, ni modo, ya veré como consigo algo para mañana.

Me sorprendí al saber  que los conocidos de mi colonia también estaban invitados, que todos estarían en la celebración para convivir con los asistentes, me emocioné aún más y como solidaria vecina, fui de casa en casa preguntando qué llevarían para compartir porque, como en toda fiesta mexicana, lo más importante es la comida como parte de nuestra identidad y añeja tradición, yo llevaré chocolate pero no podré llevar el pan, alguien me dijo: ni te preocupes, allá habrá mucho, en los altares no puede faltar, nosotros también llevaremos algo sabroso que estimule el recuerdo y los sentidos.

Hay mucha gente saliendo del vecindario, todos se apresuran para tomar su camino, se mezclan unos con otros pero con cierto orden, primero, las mascotas saltan de aquí para allá seguidos por los niños, ellos también corren y avanzan adelante de los adultos, los mayores sonríen caminando con parsimonia como si el tiempo no les importara, su andar es tan lento que parecieran flotar. Aunque todos llevamos prisa por llegar a nuestro respectivo festejo, se respira la calma y la alegría, se nota que es un día de fiesta, un día especial, después del encierro en que hemos estado.

Por fin llego, en la puerta me encuentro a mis vecinos que se organizan para entrar, espero un momento, uno de ellos me dice: parece que nosotros nos tenemos que acomodar donde está el camino amarillo, a un costado del altar donde el cempasúchil y las velas nos iluminarán mientras estemos con ellos, después probaremos todo lo que está colocado en la mesa que adornaron con tanto esmero para la celebración.

Veo a mis amigos, mi corazón parece salirse por la  emoción, sonríen y bromean, recuerdan anécdotas, los momentos en que hemos estado juntos, los días difíciles compartidos que se afrontaron con entereza y solidaridad, surgen reflexiones también nostalgia, finalmente retoman el ánimo para seguir charlando con nosotros.

Después de un rato algunos se despiden, comentan que también tienen que ir a celebrar con su familia pues saben que en estos días los esperan con mucho amor para consentirlos con las viandas que a ellos les gustan, deben apresurarse para aprovechar el tiempo que estarán juntos ya que tendrán que regresar al barrio donde ahora vivimos.

Por fin se desocupan, me levanto para ir a saludarlos pero están distraídos charlando, no insisto, ya habrá otra ocasión para  ponernos al corriente; aprovecho para regresar a casa con mi comadre que vive al lado, me dice que estuvo muy hermosa la fiesta, le comento que no pude vestirme como quería ya que mi ropero estaba vacío, así sucede, me responde, cuando una se va la familia todo regala, mira, ni te preocupes, con las flores del altar podrás adornarte, aprovechemos esta ráfaga de viento para volver a nuestro lugar pues hoy fue un día muy ajetreado, mañana descansaremos para volver con los nuestros cuando el aire de otoño remueva los recuerdos.

Imagen: Internet, Poema del alma, Louis Janmot (1814-1892)

Mi inspiración

“En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños’ (Mirko Badiale)”.

-Maestro, y ¿Usted en qué se inspira?

Me dice asombrado un pequeño de sexto año de la escuela matutina “Miguel Hidalgo y Costilla”, donde el día de hoy, compartí una charla y un cuento de mi autoría.

Sonreí como la mayor parte del tiempo lo hago. Y les compartí mi sentir.

Me inspiro en cada una de mis vivencias, estoy en cada una de las cosas que me rodean, que huelo y observo, en las que escucho y en las que me deleito tocando.

Me inspiro del aire que respiro, y aun en aquellas personas que todavía no encuentran un rumbo a donde dirigirse. Me inspiro del amor de mi madre, del agradecimiento por tener una familia y por supuesto del cariño que me profesan mis hermanos.

Me afino en el mismo tono que las cuerdas de mi guitarra y me cuelgo de los columpios que nacen en las nubes y me mecen en un vaivén sin igual; entre copas de árboles y perfume de flores. Nado en diminutos espacios, y me congratulo debajo de un chubasco.

Me escondo de todo, de nada, en lugares inhóspitos, donde busco formas y no existe ruido, donde me convierto en roca y otras veces en montaña. Me sumerjo en abismos sin final, y resurjo con alas dando vuelos circulares en el azul del cielo.

Hoy fue un día especial. Mientras les leía a los chicos mi cuento “El sueño de Cócoro” Pude observar en ellos cuánta sensibilidad brotaba. Todos atentos a la narración, sus rostros expresaban alegría, sonrisa, hasta llegar al dolor y el llanto.

Al finalizar, les pedí que me comentaran sus reacciones, siendo una pequeña, con cierta pena, nos compartía que sintió tristeza y que tenía ganas de llorar.

Fue ahí cuando me sentí feliz. Lo que siento yo al escribir, mis lectores lo viven de igual forma en la cual yo lo hago, nos volvemos un solo ser.

Mi Agradecimiento total a la Lic. Margarita Arellano, luchadora social por el respeto a las mujeres. Y enlace para con las autoridades de esta escuela que me abrió sus puertas.

A la subdirectora. Profra. Socorro Monserrat Martínez Castillo.

Al Profesor. Alfredo Román Cerecedo Reyes. (Asesor Técnico pedagógico)

Y al Profesor de 6 “B” Edgar Díaz del Ángel y su disciplinado grupo.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

La pintura es poesía muda

“La pintura es poesía muda; la poesía pintura ciega”

(Leonardo Da Vinci)

El altar estaba situado sobre la banqueta, muy cerca de la acera contigua que da a la calle. Un árbol enorme servía de poste para soportar el emblemático objeto para ofrendar a los que se fueron. Y allí, entre las ramas más altas, una pequeña sombrilla en posición convexa para que las gotas de lluvia; si por las dudas cayeran, no hicieran mella en la obra. Una circunferencia adornada con grava y flores amarillas llamó mi atención.

Estaba a un lado del altar. Procedí a observar, y me quedé asombrado por la forma en la cual estaba elaborada. El diámetro era exacto, así como su redondez. Increíble que pareciera, toda la noche permaneció el altar así, sin que le robaran los objetos que contenía. Eso me agradó, ¡porque aún hay gente que respeta!

Mientras deleitaba mis sentidos observando cada detalle, llegó mi amigo Arturo tercero, artista plástico que tiene su taller artístico” tercer león, galería y artesanías” justo enfrente de donde se colocó el baldaquín.

Después de estrechar su mano vino una serie de preguntas de mi parte y él amablemente respondió, y me comentó que alumnos de su taller creativo eran los artífices de esta breve pero bella obra. Ellos fueron los que picaron el papel de China, así como de elaborar la circunferencia colorida que, a decir de él, es una figura que utilizaban los prehispánicos, y se le denomina greca azteca. Y representa un saludo.

Posteriormente, me invitó a pasar a su refugio, su taller de artes plásticas. Me sentí por unos minutos diferente, tal parecía que me adentraba a otro mundo, a un mundo subalterno en el cual presencié cada una de las cosas como figuras poéticas, parte de una retórica costumbrista.

Y mientras él me explicaba cada una de sus creaciones, coincidimos en que el arte es una parte de nuestras vidas. Pero se le ha dejado de dar la difusión necesaria para que nuestros jóvenes se adentren en el fantástico mundo que son las artes plásticas.

Mientras hacíamos un pequeño recorrido pude percatarme de una pintura o más bien un bosquejo de dibujo que está realizando a través de la técnica de carboncillo.

Los rasgos de los personajes, así como cada línea que realza los rostros es, a decir verdad, una obra de arte.

Calaveras creadas a través de papel maché, cuadros al óleo, así como una máscara de un fauno, fueron parte del acervo plástico que pude observar.

Me comentaba que pronto hará una exposición en la ciudad de Orizaba en donde expondrá parte de sus trabajos.

Sin más, Salí de ese lugar maravillado por poder ponderar mis sentidos y sentirme privilegiado en torno a lo que hago y me fascina que es escribir.

Me vino a la mente aquel poema de Alberto Caeiro, en donde en una de sus líneas dice

“pensar es estar enfermo de los ojos, por eso hay que apreciar y no cuestionarnos el por qué”

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

PIENSO, LUEGO ESCRIBO / El renacimiento que viene / Por: Akiles Boy*

La Tierra cambió de color, una densa oscuridad apareció en el cielo de nuestro planeta y amenaza con mantenerse una larga temporada, es como un mal presagio, que nos hace recordar la condición humana, su compleja naturaleza que es conocida, pero todavía guarda misterios no descubiertos o no revelados, que al brotar sorprenden y nos empinan a desconsoladores estados alterados.

La perversidad, agresividad y capacidad destructora del homo sapiens, seguirán su acción corrosiva sobre el tejido social y tendremos que construir diques o murallas de contención, para atenuar o detener sus efectos nocivos. La decadencia avanza sigilosa ante nuestra mirada pasiva e indiferente.

Imposible abstraernos a este ambiente, en el que se respira un aire degradado y nos hace circular casi por inercia en zonas de alto riesgo para la salud física y emocional. Se ha plantado en el mundo, de manera peligrosa, la depresión como una enfermedad estacional y debe incitarnos a la reflexión y la búsqueda de salidas de emergencia para generar distensión y estabilidad en los grupos sociales.

La seguridad y salud son tan valiosas que exigen la responsabilidad de todos, no es un asunto solo de la Autoridad, que en muchos casos, fue rebasada o nunca ha mostrado la capacidad suficiente para atender las reiteradas crisis que se han presentado, y las que van surgiendo en estos tiempos de agitación y crispación, orígenes de la inestabilidad y la violencia.

No se espera un llamado a los redentores o iluminados para salvar al mundo, la expectativa, es el natural surgimiento de líderes, héroes visibles o anónimos, que inicien una nueva cruzada para sembrar la semilla de un renacimiento o saludable evolución para la humanidad. La estrategia podrá ser la cultura, la educación, la religión, el arte, el deporte, cualquiera, lo importante y urgente será el resultado, haber sacado al mundo del riesgo de muerte y cambiar a favorable su pronóstico.

Se percibe que en esa línea ya se mueve el universo, es posible que un ejército de soldados del bien empiezan a tomar posiciones para ocupar territorios, sacudir conciencias y provocar reacciones, a fin de cambiar el rumbo y destino de las generaciones del presente y el futuro.

Con ese mundo hipotético en la cabeza, caminaba por la calle Zaragoza en el Centro Histórico de Xalapa, me dirigía al emblemático edificio del Casino Español, el aire frío de la tarde me acompañó en el recorrido. Puntual a la cita, en el lugar se efectuó ese día la presentación de “El Libro Jamás Leído” de la autoría del virtuoso Javier Vitela Pabello, quien además es un cantante con reconocida trayectoria y un gran dibujante. La obra, publicada por la Editorial Manantial entre Arenas, es una compilación de dieciséis relatos, seleccionados de un cúmulo de historias escritas durante su migrante vida, producto de la aguda percepción y la sensibilidad que deja ver a través de su mirada y personalidad. En el evento arropado por la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C. se realizó un gratificante encuentro con asiduos escritores y lectores, qué juntos hacen un verdadero batallón para el fomento del arte y la literatura, por ahora solo vistos como actores secundarios en las escenografías del orbe, pero no es una quimera, que pronto se conviertan en un salvavidas para la humanidad. Hasta la próxima.

28 de octubre de 2022

El día después

“El día después”

Los cirios languidecen trepidantemente. La cera cae sin temor a perderse. El olor a flor se disipa por doquier. Rostros enjutos y doloridos, ojos llorosos y corazones destrozados. Murmullos que comparten la incertidumbre, el dolor se atenúa entre las muestras de cariño de los deudos.

Abrazos interminables en un vaivén constante de amor, de deuda, de reconciliación.

El féretro comparte el espacio, no así el que lo habita.

Se restablece la concordia, así como los buenos deseos. Las plegarias se entonan al por mayor por el eterno descanso del que dejó de existir.

Inician los recuerdos, evocaciones de vivencias que se quedan para la posteridad.

La muerte es verdad, se ciñe a nuestros cuerpos desde que iniciamos nuestra vida.

Halo circundante que en cada paso va con nosotros. Se manifiesta, sin conciencia, de lo que el destino nos depara. Simplemente, al final nos atrapa, no hay distinciones, tanto el rico como el pobre, el bueno y el malo.

La vida es vía, es cauce.

La muerte es algo inevitable. Cuando se asoma deja indicios de su manifestación, es lágrimas, dolor y desesperanza, pero para otros es alivio. ¡Es esperanza!

¿Oh, muerte que jamás te ausentas, por qué no nos revelas tu gran misterio?, ¿por qué no nos concedes saber si es dulce tu morada?, ¿acaso temes decirnos, que como llegas te vas?, ¿qué eres cómo ese amor fugaz que tras encender la llama se consume?

Incógnitas que se vierten en el ocaso de una vida que simplemente se fue…

Edgar Landa Hernández.

*Imagen tomada de la red*

Purificando los días

Purificando los días

Los días normales no existen. Hay días que se convierten en espacios vacíos en donde nuestra capacidad de asombro se revuelve y se complementa con vivencias, sonrisas, incluso lágrimas. 

Mirando en los puestos de flores, atiborrados de cempasuñil, tepejilote y otras flores que obsequian el color de la vida, en la antesala de una muerte segura.

Los días normales son aquellos que nos brindan la oportunidad de fraguar en nuestro estado de ánimo historias que a la postre se trasladan a las hojas que no se han ocupado de contar esas historias.

¡Los días normales eso son!

Los días se visten de transeúntes vagabundos. Hambrientos de los que sobreviven a las arduas jornadas, cuando el cansancio se apodera de las mentes olvidándose de lo demás.

Del contemplar, de absorber el paisaje y engullirlo como si fuera un taco por la mañana.

Los días normales sufren transiciones, ante los necesitados, los que anhelan una esperanza teniendo solo 24 horas por destino.

Los días normales son pobres. Angustiosos momentos, peligrosos, comprometidos, precisos en su forma de atraparnos y lanzarnos en un vacío que si no nos ponemos listos nos perdemos en un hoyo negro de donde jamás saldremos ilesos.

Los días normales es más que eso. Como una hoja del almanaque desprendiéndose por error y aunque se desee no haberlo hecho, el resultado será el mismo.

Hoy vivo sin contratiempos, convirtiendo el día normal en un tiempo consumido, bebido en una copa de olvido, mientras una música de viento purifica mis sentidos.

Edgar Landa Hernández.