Mi inspiración

“En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños’ (Mirko Badiale)”.

-Maestro, y ¿Usted en qué se inspira?

Me dice asombrado un pequeño de sexto año de la escuela matutina “Miguel Hidalgo y Costilla”, donde el día de hoy, compartí una charla y un cuento de mi autoría.

Sonreí como la mayor parte del tiempo lo hago. Y les compartí mi sentir.

Me inspiro en cada una de mis vivencias, estoy en cada una de las cosas que me rodean, que huelo y observo, en las que escucho y en las que me deleito tocando.

Me inspiro del aire que respiro, y aun en aquellas personas que todavía no encuentran un rumbo a donde dirigirse. Me inspiro del amor de mi madre, del agradecimiento por tener una familia y por supuesto del cariño que me profesan mis hermanos.

Me afino en el mismo tono que las cuerdas de mi guitarra y me cuelgo de los columpios que nacen en las nubes y me mecen en un vaivén sin igual; entre copas de árboles y perfume de flores. Nado en diminutos espacios, y me congratulo debajo de un chubasco.

Me escondo de todo, de nada, en lugares inhóspitos, donde busco formas y no existe ruido, donde me convierto en roca y otras veces en montaña. Me sumerjo en abismos sin final, y resurjo con alas dando vuelos circulares en el azul del cielo.

Hoy fue un día especial. Mientras les leía a los chicos mi cuento “El sueño de Cócoro” Pude observar en ellos cuánta sensibilidad brotaba. Todos atentos a la narración, sus rostros expresaban alegría, sonrisa, hasta llegar al dolor y el llanto.

Al finalizar, les pedí que me comentaran sus reacciones, siendo una pequeña, con cierta pena, nos compartía que sintió tristeza y que tenía ganas de llorar.

Fue ahí cuando me sentí feliz. Lo que siento yo al escribir, mis lectores lo viven de igual forma en la cual yo lo hago, nos volvemos un solo ser.

Mi Agradecimiento total a la Lic. Margarita Arellano, luchadora social por el respeto a las mujeres. Y enlace para con las autoridades de esta escuela que me abrió sus puertas.

A la subdirectora. Profra. Socorro Monserrat Martínez Castillo.

Al Profesor. Alfredo Román Cerecedo Reyes. (Asesor Técnico pedagógico)

Y al Profesor de 6 “B” Edgar Díaz del Ángel y su disciplinado grupo.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

La pintura es poesía muda

“La pintura es poesía muda; la poesía pintura ciega”

(Leonardo Da Vinci)

El altar estaba situado sobre la banqueta, muy cerca de la acera contigua que da a la calle. Un árbol enorme servía de poste para soportar el emblemático objeto para ofrendar a los que se fueron. Y allí, entre las ramas más altas, una pequeña sombrilla en posición convexa para que las gotas de lluvia; si por las dudas cayeran, no hicieran mella en la obra. Una circunferencia adornada con grava y flores amarillas llamó mi atención.

Estaba a un lado del altar. Procedí a observar, y me quedé asombrado por la forma en la cual estaba elaborada. El diámetro era exacto, así como su redondez. Increíble que pareciera, toda la noche permaneció el altar así, sin que le robaran los objetos que contenía. Eso me agradó, ¡porque aún hay gente que respeta!

Mientras deleitaba mis sentidos observando cada detalle, llegó mi amigo Arturo tercero, artista plástico que tiene su taller artístico” tercer león, galería y artesanías” justo enfrente de donde se colocó el baldaquín.

Después de estrechar su mano vino una serie de preguntas de mi parte y él amablemente respondió, y me comentó que alumnos de su taller creativo eran los artífices de esta breve pero bella obra. Ellos fueron los que picaron el papel de China, así como de elaborar la circunferencia colorida que, a decir de él, es una figura que utilizaban los prehispánicos, y se le denomina greca azteca. Y representa un saludo.

Posteriormente, me invitó a pasar a su refugio, su taller de artes plásticas. Me sentí por unos minutos diferente, tal parecía que me adentraba a otro mundo, a un mundo subalterno en el cual presencié cada una de las cosas como figuras poéticas, parte de una retórica costumbrista.

Y mientras él me explicaba cada una de sus creaciones, coincidimos en que el arte es una parte de nuestras vidas. Pero se le ha dejado de dar la difusión necesaria para que nuestros jóvenes se adentren en el fantástico mundo que son las artes plásticas.

Mientras hacíamos un pequeño recorrido pude percatarme de una pintura o más bien un bosquejo de dibujo que está realizando a través de la técnica de carboncillo.

Los rasgos de los personajes, así como cada línea que realza los rostros es, a decir verdad, una obra de arte.

Calaveras creadas a través de papel maché, cuadros al óleo, así como una máscara de un fauno, fueron parte del acervo plástico que pude observar.

Me comentaba que pronto hará una exposición en la ciudad de Orizaba en donde expondrá parte de sus trabajos.

Sin más, Salí de ese lugar maravillado por poder ponderar mis sentidos y sentirme privilegiado en torno a lo que hago y me fascina que es escribir.

Me vino a la mente aquel poema de Alberto Caeiro, en donde en una de sus líneas dice

“pensar es estar enfermo de los ojos, por eso hay que apreciar y no cuestionarnos el por qué”

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

PIENSO, LUEGO ESCRIBO / El renacimiento que viene / Por: Akiles Boy*

La Tierra cambió de color, una densa oscuridad apareció en el cielo de nuestro planeta y amenaza con mantenerse una larga temporada, es como un mal presagio, que nos hace recordar la condición humana, su compleja naturaleza que es conocida, pero todavía guarda misterios no descubiertos o no revelados, que al brotar sorprenden y nos empinan a desconsoladores estados alterados.

La perversidad, agresividad y capacidad destructora del homo sapiens, seguirán su acción corrosiva sobre el tejido social y tendremos que construir diques o murallas de contención, para atenuar o detener sus efectos nocivos. La decadencia avanza sigilosa ante nuestra mirada pasiva e indiferente.

Imposible abstraernos a este ambiente, en el que se respira un aire degradado y nos hace circular casi por inercia en zonas de alto riesgo para la salud física y emocional. Se ha plantado en el mundo, de manera peligrosa, la depresión como una enfermedad estacional y debe incitarnos a la reflexión y la búsqueda de salidas de emergencia para generar distensión y estabilidad en los grupos sociales.

La seguridad y salud son tan valiosas que exigen la responsabilidad de todos, no es un asunto solo de la Autoridad, que en muchos casos, fue rebasada o nunca ha mostrado la capacidad suficiente para atender las reiteradas crisis que se han presentado, y las que van surgiendo en estos tiempos de agitación y crispación, orígenes de la inestabilidad y la violencia.

No se espera un llamado a los redentores o iluminados para salvar al mundo, la expectativa, es el natural surgimiento de líderes, héroes visibles o anónimos, que inicien una nueva cruzada para sembrar la semilla de un renacimiento o saludable evolución para la humanidad. La estrategia podrá ser la cultura, la educación, la religión, el arte, el deporte, cualquiera, lo importante y urgente será el resultado, haber sacado al mundo del riesgo de muerte y cambiar a favorable su pronóstico.

Se percibe que en esa línea ya se mueve el universo, es posible que un ejército de soldados del bien empiezan a tomar posiciones para ocupar territorios, sacudir conciencias y provocar reacciones, a fin de cambiar el rumbo y destino de las generaciones del presente y el futuro.

Con ese mundo hipotético en la cabeza, caminaba por la calle Zaragoza en el Centro Histórico de Xalapa, me dirigía al emblemático edificio del Casino Español, el aire frío de la tarde me acompañó en el recorrido. Puntual a la cita, en el lugar se efectuó ese día la presentación de “El Libro Jamás Leído” de la autoría del virtuoso Javier Vitela Pabello, quien además es un cantante con reconocida trayectoria y un gran dibujante. La obra, publicada por la Editorial Manantial entre Arenas, es una compilación de dieciséis relatos, seleccionados de un cúmulo de historias escritas durante su migrante vida, producto de la aguda percepción y la sensibilidad que deja ver a través de su mirada y personalidad. En el evento arropado por la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C. se realizó un gratificante encuentro con asiduos escritores y lectores, qué juntos hacen un verdadero batallón para el fomento del arte y la literatura, por ahora solo vistos como actores secundarios en las escenografías del orbe, pero no es una quimera, que pronto se conviertan en un salvavidas para la humanidad. Hasta la próxima.

28 de octubre de 2022

El día después

“El día después”

Los cirios languidecen trepidantemente. La cera cae sin temor a perderse. El olor a flor se disipa por doquier. Rostros enjutos y doloridos, ojos llorosos y corazones destrozados. Murmullos que comparten la incertidumbre, el dolor se atenúa entre las muestras de cariño de los deudos.

Abrazos interminables en un vaivén constante de amor, de deuda, de reconciliación.

El féretro comparte el espacio, no así el que lo habita.

Se restablece la concordia, así como los buenos deseos. Las plegarias se entonan al por mayor por el eterno descanso del que dejó de existir.

Inician los recuerdos, evocaciones de vivencias que se quedan para la posteridad.

La muerte es verdad, se ciñe a nuestros cuerpos desde que iniciamos nuestra vida.

Halo circundante que en cada paso va con nosotros. Se manifiesta, sin conciencia, de lo que el destino nos depara. Simplemente, al final nos atrapa, no hay distinciones, tanto el rico como el pobre, el bueno y el malo.

La vida es vía, es cauce.

La muerte es algo inevitable. Cuando se asoma deja indicios de su manifestación, es lágrimas, dolor y desesperanza, pero para otros es alivio. ¡Es esperanza!

¿Oh, muerte que jamás te ausentas, por qué no nos revelas tu gran misterio?, ¿por qué no nos concedes saber si es dulce tu morada?, ¿acaso temes decirnos, que como llegas te vas?, ¿qué eres cómo ese amor fugaz que tras encender la llama se consume?

Incógnitas que se vierten en el ocaso de una vida que simplemente se fue…

Edgar Landa Hernández.

*Imagen tomada de la red*

Purificando los días

Purificando los días

Los días normales no existen. Hay días que se convierten en espacios vacíos en donde nuestra capacidad de asombro se revuelve y se complementa con vivencias, sonrisas, incluso lágrimas. 

Mirando en los puestos de flores, atiborrados de cempasuñil, tepejilote y otras flores que obsequian el color de la vida, en la antesala de una muerte segura.

Los días normales son aquellos que nos brindan la oportunidad de fraguar en nuestro estado de ánimo historias que a la postre se trasladan a las hojas que no se han ocupado de contar esas historias.

¡Los días normales eso son!

Los días se visten de transeúntes vagabundos. Hambrientos de los que sobreviven a las arduas jornadas, cuando el cansancio se apodera de las mentes olvidándose de lo demás.

Del contemplar, de absorber el paisaje y engullirlo como si fuera un taco por la mañana.

Los días normales sufren transiciones, ante los necesitados, los que anhelan una esperanza teniendo solo 24 horas por destino.

Los días normales son pobres. Angustiosos momentos, peligrosos, comprometidos, precisos en su forma de atraparnos y lanzarnos en un vacío que si no nos ponemos listos nos perdemos en un hoyo negro de donde jamás saldremos ilesos.

Los días normales es más que eso. Como una hoja del almanaque desprendiéndose por error y aunque se desee no haberlo hecho, el resultado será el mismo.

Hoy vivo sin contratiempos, convirtiendo el día normal en un tiempo consumido, bebido en una copa de olvido, mientras una música de viento purifica mis sentidos.

Edgar Landa Hernández.

LA GOTA AZUL / Maricarmen Delfín Delgado

La noche arrulla las penas, las recoge del aire que de suspiros se llena, llora discreta sobre los pétalos, sus lágrimas convertidas en rocío escurren sobre los verdes ápices al despuntar el alba.

El llanto, lenguaje universal, fenómeno fisiológico y sicológico asociado a las emociones positivas o negativas, podemos llorar por dolor, alegría, tristeza, coraje. Al llorar el cerebro mitiga el sentimiento detonante que generó el dolor físico o moral, causando una sensación de cansancio que tranquiliza haciéndonos sentir alivio. No somos la única especie “llorona”, también los animales lloran por situaciones similares a las humanas, por depresión, por dolor, por sentirse en peligro y vulnerables. Además, la risa excesiva provoca un llanto positivo como respuesta a  una excitación extrema.

Al llorar generamos empatía, se activan las neuronas espejo que nos identifican con otros, nos muestran vulnerables, desprotegidos, en situación de ventaja en ciertas situaciones, ver llorar a otro sensibiliza, disminuye la violencia y el coraje. Cuando se reprime el llanto las emociones se somatizan con el consecuente daño físico; las lágrimas son el detonante de la incomodidad cerebral manifiesta.

Para los bebés el llanto es su enlace con la madre y su entorno, en sus primeros meses de vida no se expresan oralmente pero frecuentemente lloran cuando sienten alguna necesidad: hambre, sueño, frío, calor, dolor, enfado, susto, o están en alguna posición incómoda; recordemos que también existe la comunicación por el tacto, la mirada, los sonidos, por medio del balbuceo.

Fisiológicamente las lágrimas cumplen una función importante, son uno de los marcadores del organismo para saber si estamos hidratados, además humectan el ojo y lo libran de infecciones ya que contienen gran cantidad de mucina, bicarbonato e inmunoglobulina A, que ayudan a controlar las bacterias, debido a su pH que oscila entre 6 y 7. El ser humano pude producir de 25 a 50 ml de lágrima dependiendo de la edad, su hidratación, su motivación para inducir al llanto.

Las mujeres lloran más que los hombres, no por patrón cultural, sino por su fisiología y nivel hormonal, en los varones la testosterona les impide ser más susceptibles al llanto, aunque hay sus excepciones; otro factor es la formación social y cultural donde el llanto es señal de debilidad, culpa o vergüenza. Al avanzar la edad se va disminuyendo el nivel de testosterona por lo que a mayor edad los hombres se perciben más sensibles.

El bioquímico William H. Frey II, investigador y profesor estadounidense, afirma que el llanto emocional tiene diferente composición a la de otro tipo de llanto, con mayor contenido de proteínas y hormonas por lo que las lágrimas permanecen fijadas en la piel durante más tiempo haciéndolas más visibles generando una mayor respuesta empática de otros.

En 1586, el médico británico Timothy Bright consideró que las lágrimas eran generadas en el cerebro y afirmaba que eran productos de “excrementos” húmedos de este órgano.

Desde la antigüedad, el llanto ha tenido un papel importante para muchas culturas, en la civilización egipcia surgieron las plañideras, mujeres a las que se les pagaba por llorar en los entierros, era un rito funerario con la creencia que sus lágrimas purificaban el alma del difunto para llevarla a la plenitud, ya que según el tabú griego los deudos tenían prohibido llorar en público. En el rito judío, se dice que para expresar una forma más enérgica la devastación de Judea el dios de Israel ordenó al pueblo traer lloronas que él llamó “lamentatrices”; esta costumbre pasó del pueblo hebreo al griego y romano. Las lloronas recogían las lágrimas en vasos llamados “lacrimatorios” que posteriormente se colocaban en la misma urna donde se depositaban las cenizas del fallecido. La frase “lágrimas de cocodrilo”, para significar el llanto fingido, proviene de una antigua creencia griega donde los cocodrilos fingían llorar para atraer a sus víctimas.

En Mesoamérica, especialmente en México, el llanto tiene un importante significado, los mayas lo consideraban como un acercamiento a sus dioses llamado “ok oh ool”, que se traduce como “llorar-voluntad”; en los indígenas mesoamericanos para mostrar humildad en sus rituales se observaba un ligero llanto. Al norte de Veracruz sigue vigente un mito ancestral de un dios que tomó la forma de granos de maíz y lloraba porque los mestizos lo tiraban con desdén al suelo en vez de sembrarlo con cuidado como una ofrenda. Todos conocemos la leyenda prehispánica sobre “la llorona”, que dio lugar a 120 versiones del mismo tema, que cuenta la historia de una mujer que llora por las noches lamentando la muerte de sus hijos ilegítimos.

Han quedado atrás ideas moralistas como que “los hombres no lloran”, “cúbrete el rostro para que no te vean llorar”, “se llora sólo y en silencio”, “por orgullo se llora por dentro”, “los niños que lloran son mariquitas”, “pareces vieja llorando”, entre otros enunciados retrógrados, en una sociedad que ya no le avergüenzan muchas actitudes que eran antes criticadas.

El llanto tiene un gran valor, nos identifica, nos une, nos vuelve una sola raza, todos lloramos no importando el color de piel o el idioma, el llanto es una constante, en algún lugar del mundo mientras alguien llora otro lo acompaña sin saberlo, en un lenguaje universal. Como diamante brilla en tu mejilla la gota azul.

¿Quién escribirá la historia de las lágrimas? Todos lo haremos.

                                                                                                       Roland Barthes

TERCERA ESTACIÓN / Maricarmen Delfín Delgado

¡Ah, el otoño!, su viento sopla como suave abrazo color marrón entre el verano y el invierno que invita al reacomodo espiritual, obligando al cuerpo a guardarse en quietud en busca calor y cobijo, de esparcimiento y amor. En ocasiones le reprochamos por la caída de las hojas, por la tímida y fría brisa, por la ausencia de sol, por el encierro obligado, sin embargo, la naturaleza es agradecida con la tercera estación pues regala el color y el perfume del crisantemo, la bignonia y el áster que lucen con todo su esplendor; con este colorido enfoque Albert Camus parangonó la estación diciendo: “el otoño es una segunda primavera, cada hoja es una flor”.

En la filosofía oriental la primavera simboliza la juventud y el florecimiento, el verano es la época donde nacen los frutos, el otoño representa la etapa del cambio donde las hojas secas se desprenden para dar paso a un nuevo follaje más maduro antes del descanso invernal. El poeta Leopoldo Lugones en su poema Amor eterno, aplica esta simbología: “No temas al otoño si ha venido / aunque caiga la flor, queda la rama, / la rama queda para hacer el nido”.

Siempre relacionamos al otoño con la caída de las hojas, lo culpamos por dejar las ramas desnudas y al árbol entristecido, sin embargo, éstas ya han cumplido su misión, cuando fueron verdes le proporcionaron oxígeno, realizaron la fotosíntesis, transformaron el bióxido de carbono, sostuvieron la vitalidad de su poseedor.

Al llegar el otoño las hojas secas caen como lluvia vegetal, no están muertas, quedan ahí almacenadas para cumplir la siguiente misión en esta segunda etapa, se convierten en abono, en cálido tapete, en ropaje de nido, aumentan la fertilidad y retienen la humedad, el acolchado de trituradas hojas protege a las plantas, cobija insectos, es un calefactor natural.

Son tema de canciones y poemas de amor, también de cantos infantiles. El poeta francés Jacques Prévers las hizo famosas en su canción “Las hojas muertas”:

“Las hojas muertas se nos agarran a la piel, ya lo ves no he olvidado nada, las hojas muertas se amontonan por las calles como las penas y los recuerdos.”

Gustavo Adolfo Bécquer en su narrativa Las hojas secas, entabla un diálogo entre dos de ellas que se preguntan cuál será su destino:

“…¿De dónde vienes, hermana? -Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube de polvo y de las hojas secas, nuestras compañeras, a lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú? -Yo he seguido algún tiempo la corriente del río hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla. -¿Y adónde vas? -No lo sé. ¿Lo sabe acaso el viento que me empuja?…”

Ha llegado la estación más apasionada del año y la literatura lo sabe, el otoño como motivante inspiración regala su color, su aroma y un suspiro convertido en suave airecillo para envolver el alma y el cuerpo, en un vaivén de sentimientos que vuelan como aquellas hojas entre las ramas del árbol de la vida.

Mi tiempo otoñal se anida en la piel

Recorre, busca y se acomoda sigiloso

En espera de dejar su huella fiel

Pero solo se muestra como un esbozo

No permito me labre con su cincel.

Podrá tomar mi cuerpo como suyo

Por naturaleza evitarlo no puedo

Con mi sabiduría lo diluyo

Rejuvenezco el alma con esmero.

Recibo el otoño como renovación

No como atribulada vejez

Vivo, canto y bailo con la emoción

De existir en plenitud cada vez

Saboreando las mieles de la tercera estación.

Imagen: Internet, «Soledad de otoño» de Leonid Afrémov.