SEPTIEMBRE / Maricarmen Delfín Delgado

El viento suspira y las hojas lucen su dorado ocre, dóciles se dejan arrullar por su mano.

Aromas de madera abrigan los suspiros, la piel necesita calor y resguardo buscando arroparse en tibio regazo, ahora las avecillas cantan tímidas su fragilidad, con gráciles aleteos buscan cobijo.

Mi árbol ya no asegura sombra tras entregar su follaje al aire de temporada, el camino toma un húmedo brillo reflejando mi andar, pareciera que mis botas se alegran al salir nuevamente después de su obligado letargo.

El suéter soporta el apretón de la atrevida bufanda en un abrazo cálido y audaz, el sombrero resignado espera que pronto aparezca su cómplice el abrigo, juntos disfrutarán la temporada en su edén.

La bruma de algodón empaña mi ventana, miro con nostalgia los campos cafés que ocupan el bosque, tomo la taza con té y me acomodo frente a la chimenea, es rico sentirse plena.

El murmullo del follaje recorre los espacios, con nostálgica voz las ramas extrañan su pasado verdor, viajan por el ambiente para caer crujiendo su fragilidad, misma que sienten otros cuerpos a los que el noveno mes impregnó un puñado de imparable tiempo, los recuerdos y la nostalgia tomados de la mano nos susurran en la memoria.

Bienvenido septiembre, la puerta al otoño.

mcarmendelfin@hotmail.com

Imagen: Internet, para difusión cultural sin fines de lucro

CORAZONADA O INTUICIÓN / Por: Alberto Calderón P.

En el transcurrir de nuestra vida vamos encontrando senderos que se bifurcan formando dos rutas o más para llegar a la resolución de un destino, un problema de forma correcta y resolver de inmediato algo circunstancial u otras formas en las cuales uno tiene que decidir qué hacer.

Le llamamos intuición, esta última palabra como muchas otras contiene compendios completos que otros seres han estudiado, ya Platón se ocupaba del asunto 400 años antes de nuestra era; cuando mencionaba que es el conocimiento absoluto de la identidad de la mente con el objeto de que conoce, les platico que no solo él. Todos nosotros la hemos usado. Solo que lo hacemos tan frecuente o sentimos que es algo tan nuestro que una vez resuelto su uso la olvidamos, otros pensadores han profundizado en su conocimiento. Descartes en la edad media mencionaba su significado con una frase hermosa, decía: “El conocimiento intuitivo es la iluminación del alma” destacaba que era una iluminación divina que representa la realidad, lo absoluto, pero vayamos a lo que el Premio Nobel Henri Bergson, destacado filósofo y escritor. Para él es una fuente de conocimiento inmediato. (Trato de sintetizar al extremo los conceptos para que tengan cabida en este artículo, sin sacrificar la idea central). Ya lo decía El gran psicólogo y psiquiatra Carl Gustav Jung que la gente hace uso de ella, me incluyo, la empleamos para decidir la ruta en algún campo desconocido. Y agregaba que debemos estar agradecidos por poseer esta facultad divina que nos otorga cierta luz sobre “lo que está más allá de las cosas”. Jean Charon es un físico y filósofo francés investigador del pensamiento humano, se introduce a fondo sobre el conocimiento molecular que nos compone (de lo que estamos hechos) y destaca la cantidad de información que guardan los electrones para comunicarse entre sí en un verdadero intercambio espiritual sobre el que descansa nuestra vida. A esto se le conoce como “campos mórficos”, su nombre se le atribulle a Rupert Sheldrake. Es muy interesante su propuesta que va de los intercambios, los contactos entre los seres humanos u otros elementos animales, vegetales u objetos que existen en nuestro plano de materialización. Ahí se genera al intercambio de información, es una forma de armonía, de equilibrio que abre el conocimiento. Parecería complejo pero la lógica y mi intuición me indica que debo seguir proponiendo la idea que este científico expresa y con esto concluiré, dejando la mayor parte de lo encontrado sobre el tema para una mejor oportunidad. Sheldrake argumenta que, al desaparecer un sistema organizado de nuestros componentes atómicos, el campo organizador desaparece de su sitio en donde se encuentra pero los campos mórficos no dejan de existir, son susceptibles de manifestarse nuevamente, en otros tiempos cuando las condiciones sean propicias, y guardan una memoria de sus existencias físicas anteriores.

Es por eso que surge el conocimiento intuitivo que contiene los campos vivos de los electrones que son portadores de un saber profundo para transmitir sus mensajes a nuestra conciencia.

Traté de ser lo más objetivo para explicar en unas cuantas líneas un tema amplio que espero continuar más adelante, por hoy dejamos que nuestra intuición nos guíe por senderos sensatos y certeros.

Xalapa200@hotmail.com

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO).

GÉNESIS DE VIDA Y MUERTE / Maricarmen Delfín Delgado

Fuego, concepto de múltiples acepciones de acuerdo con el contexto en que se sitúe, símbolo de vida, poder, pasión, misticismo, calor, peligro, destrucción y muerte.

A partir de que la especie humana descubrió el fuego dio un salto evolutivo, cambió la forma de alimentarse, de sociabilizar y de ver su entorno, a partir de esto, evolucionó su mundo. Al descubrirlo y dominarlo tuvo el problema de poder conservarlo, necesitaban un guardián para custodiarlo y así se apropiaron del fuego las religiones, hasta estos días sigue ardiendo en sus lugares de culto.

Fuego sagrado brillas en los santuarios, emerges del pebetero, tu fosforescencia permanece custodiada en el límpido altar que guarda las esperanzas, los deseos y las tribulaciones de los mortales, tu luz bendice el pan que alimenta el espíritu.

La adoración siguió a través del tiempo y se transformó en el culto al Sol, todos los pueblos lo adoraban como el más preciado elemento pensando que tenía vida convirtiéndolo en una deidad suprema hijo del astro solar. Los caldeos lo veneraban, pero los persas extendieron su culto, lo tenían por todas partes rodeado de muros sin techo para que la población llegara a rogarle y rendirle con esencias valiosas, flores aromáticas y joyas que le arrojaban para ser consumidas.

Fuego adorado durante milenios como el hijo del astro supremo, de tu ardiente corazón brota vida para compartirla con tus seguidores que te alimentan con las esencias de la naturaleza, con las gemas más preciadas simulando sus ojos, ventanas del alma abiertas para que tu presencia se funda hasta el más íntimo rincón de su humanidad, quedando cautivo como antaño entre los muros de la eternidad.

Cuando un rey persa moría se apagaban todos los fuegos de la población y sólo se encendía uno nuevo al momento de la coronación del sucesor. En esta y otras culturas se creía que el fuego había llegado del cielo y como elemento sagrado no debía ser ofendido, no se permitía arrojarle algo impuro ni mirarlo directamente; los sacerdotes lo conservaban secretamente divulgando la creencia de que tenía vida propia y se autoalimentaba.

En diferentes pueblos fueron variadas las creencias: al regresar de las batallas o de algún peligro inminente se encendía la hoguera para danzar a su alrededor y dar gracias por conservar la vida. Antes de comer se arrojaba el primer bocado al fuego para agradecer los alimentos; no permitían entrar a ningún extranjero a sus territorios sin antes haber pasado entre dos hogueras; evitaban meter en él los cuchillos y las hachas. Otras culturales pensaban que dentro del fuego habitaba un ser con doble personalidad que representaba al bien y al mal, le ofrendaban sacrificios constantes para que les ayudara en la pesca, en la agricultura o para concebir un hijo varón.

Fuego parangón de vida y de muerte, mensajero del bien y del mal, regalo de los dioses para no ser profanado por la mirada de los mortales, ser celestial guardado cual tesoro divino en el cofre secreto de los místicos destinados a cuidarte, ritos y leyendas danzan a tu alrededor, sacrificios y ofrendas alimentan tu dualidad.

En la antigua Grecia mantenían una llama eterna frente a los templos de sus deidades, así como en los límites de Olimpia para honrar a Zeus y recordar el mito de Prometeo. Este fuego sagrado debía ser puro y se encendía en el Monte Olimpo (hogar de los dioses olímpicos) mediante una skaphia, algo similar a una lupa, exponiéndola a los rayos solares para provocar una flama sobre hojas de laurel de donde era tomado el fuego con una antorcha para transportarlo hasta la cede de las competencias.

Llama de eterna brillantez nacida del aliento de los dioses, brotas del Olimpo para deslizarte entre cuerpos y mentes, fortaleza y pensamiento, tu calor viaja por las venas mezclando la sangre que se convertirá en una sola, tibieza de hermandad, luz espiritual que se refleja en los corazones, incitas la fogosa competencia que mengua cuando muere tu flama al nacer el día.

En la literatura el lenguaje debe ser bello, la figura literaria es el objeto estético y connotativo entendido como la comunicación íntima de dos almas, del escritor al lector, creándose una imagen poética placentera y efímera que satisface con el embellecimiento de la palabra. Así, el fuego como figura literaria tiene una acción dinámica y fuerte que sobrepasa el pensamiento exaltando sentimientos, traspasa las reglas de la significación, palabras irreverentes que arden en el fogón de las pasiones humanas donde se consume el ser.

Qué somos en este mundo, no sólo materia fugaz que desaparece tras la muerte:

Somos fuego místico guardado en los laberintos del ser, impetuoso se enciende cuando nace el día emulando la llama solar.

Somos fuego en plenitud esperando el momento preciso para dar fuerza a la hoguera.

Imagen: Internet (Amazon), para divulgación cultural sin fines de lucro.

maricarmendelfind@gmail.com

Pienso, Luego Escribo. Los graduados / Por Akiles Boy*

Juan José, como todos los días, muy temprano salía a su trabajo, esa tibia madrugada de agosto, recorría la misma ruta. Su caminar empezaba a ser más pausado, había rebasado los cincuenta años y pesaba la cruda por la borrachera de un día anterior. Pero en ese amanecer, una chispa de ilusión aceleró su corazón y le renovaría sus ganas de seguir en la lucha por su familia. En ese mes egresaría de la universidad el tercero de sus hijos, terminaba su carrera en la capital del Estado, después de cuatro años de esfuerzo, tenacidad y perseverancia. En su cabeza flotaba la romántica  idea de un futuro mejor para su descendencia.

Sin saberlo, Juanjo, así le decían desde chico, perteneció a esa generación de mexicanos que representaban fielmente, a la nombrada después “La Cultura del Esfuerzo”, esos que se echaron a los hombros, la nada fácil empresa de impulsar y sostener a los hijos para prepararse, y  no repetir su historia de solo aspirar a un trabajo con salario mínimo  y sin reconocimiento social. En esos tiempos, en los que no cabía la menor duda, era la mejor apuesta y valía la pena asumir los costos y riesgos.

Sus ojos se iluminaron al imaginar a otro de sus hijos convertido en un profesionista. Sentía el orgullo y satisfacción que recorrían su cuerpo y le daban el suficiente ánimo y la energía para continuar en su rutinaria actividad. Muchos símbolos se perciben en un acontecimiento de graduación, significa llegar a una meta y también la esperanza de nuevos horizontes. Transitar de los ideales a la realidad que golpea duro  y obliga a poner los pies sobre la tierra. Para lo que sigue, es necesario el salvavidas y un plan de supervivencia, porque afuera de las aulas esperan los campos de batalla.

En los años en que se ubica esta historia, a fines de la década de los sesentas, se estrenó en México “El Graduado” (The Graduate), película estadounidense (1967), dirigida por Mike Nichols y  estelarizada  por Dustin Hoffman, Anne Brancroft y Katharine Ross. La premiada cinta fue una adaptación de la novela del mismo título, escrita por Charles Webb y marcó el debut cinematográfico de Hoffman, el polifacético actor norteamericano.

Encuadrada dentro del género del drama y comedia, el argumento presenta las peripecias de Benjamín Braddock, recién egresado de la universidad que regresa a su casa durante las vacaciones, se ve implicado en una relación con Mrs. Robinson, quien planea y logra seducirlo, y después reconoce haberse enamorado de su hija Elaine, En el desenlace, ante la  revelación del affaire oculto, Benjamín decide enfrentar la situación, impide el casamiento de su amada y escapan juntos.

La ficción escrita por Webb está muy lejos del drama que viven muchos egresados de nuestras universidades en México, en los últimos años agudizado por el precario nivel que brindan la mayoría de las escuelas de educación superior y la falta de oportunidades laborales. El status de subempleado es común por las bajas remuneraciones y la ausencia de puestos de trabajo adecuados al perfil de los nuevos graduados. Una realidad lacerante que alimenta el desaliento social y resta valor a una educación todavía en proceso de liberarse de lastres crónicos, como el sindicalismo atávico y pernicioso; los inciertos y cambiantes métodos y contenidos que no cumplen con las expectativas; la insuficiente infraestructura; y agregue, entre otros, al imbatible analfabetismo.

Para cerrar esta entrega, les anoto, que la película “El Graduado” fue tan exitosa como su tema musical “Mrs Robinson” (“Señora Robinson”) de la autoría de Paul Simón e interpretada originalmente por Simón y Garfunkel. La canción, incluida en el álbum Bookends , fue lanzada en 1968 y alcanzó el primer sitio del Billboard en Estados Unidos, además del Grammy en 1969. Al final del filme, cuando Elaine y Benjamín van en el autobús, sonríen y de fondo se escucha la melodía “The Sounds of Silence” (Los Sonidos del Silencio) otro hit del mismo grupo musical norteamericano. Hasta la próxima.

14 de agosto de 2022

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

LOA SÍMBOLOS Y LAS ABEJAS / Alberto Calderón P.

Los símbolos y su representación son desde que el hombre dejó constancia de su paso por este mundo, sus diversas manifestaciones representadas por ejemplo en pinturas realizadas en las paredes, en los objetos, sobre diversos elementos materiales, para dejar constancia y mensaje. Los signos son tan variados como el lenguaje mismo, convertidos en idiomas crea mundos imaginarios aparte nos sirve como conocimiento y organización de este mundo real, con ellos dejamos testimonio de nuestra historia y nuestro paso ante todo lo que nos rodea, la vegetación, la naturaleza, los animales. Valoramos formas organizativas y de agruparse de todos los seres vivos, al igual que nosotros identificamos patrones de comportamiento, afinidad y muchas cosas más por medio de los signos que nos dan identidad, que nos unen. Nuestros antepasados prehispánicos crearon variados, para el sol, la lluvia y un sinfín de aconteceres atmosféricos, religiosos junto a otros símbolos que significaron una forma de vida y le dieron un sentido de identidad a su momento histórico. Estas manifestaciones las vemos en todas las culturas.

Hoy toca el turno a   las abejas. Estos organizados y diminutos voladores son reconocidos por muchas culturas a lo largo de la historia, generando alrededor de ellos una representación simbólica. Por ejemplo, para los griegos simboliza la elocuencia, la poesía y la inteligencia. También lo vemos en Roma con Virgilio el poeta quien nos dice que las abejas encierran una divina inteligencia en sus parcelas y es que la observación la estudiaban desde tiempos inmemoriales, en esa época las sacerdotisas eran conocidas como abejas al parecer por su organización de actividades, los romanos tenían un variado simbolismo, se les relacionaba con la resurrección, por ello es común que estos insectos aparezcan dibujados en las tumbas. En el libro antiguo de la liturgia cristiana se menciona desde la edad media: Las abejas que liban de las flores rosándolas sin marchitarlas. Por su parte Clemente de Alejandría, nacido en el siglo II de esta era, mencionaba: Al ver a la abeja se percibe que tan laboriosa es, pues liba las flores de todo el prado para formar una sola miel. En Francia fue considerada como un símbolo debido a sus seis patas que al igual que muchas flores eran como el número de los radios de la rueda y por ende del sol. Para los egipcios también se le relaciona con el sol, se menciona que las abejas nacieron de las lágrimas de Ra, el dios sol y de ahí cayeron a la tierra.

Una coincidencia más se da entre las culturas tan distantes pero cuyo significado es similar como en algunas regiones de África, en Siberia, Asia Central e incluso en América del sur, ahí se les relaciona con el alma cuando abandona el cuerpo de las personas. En algunas regiones de China y la India se manifiesta como un espíritu que se embriaga del polen del conocimiento. Son tan variadas las interpretaciones de unos y otros grupos sociales a lo largo de la historia otros tan similares a pesar de que nada tienen que ver unas regiones tan alejadas de otras y sin embargo los símbolos son similares como lo hemos visto. En el caso de los hebreos tiene una representación con el lenguaje. Ellos la conocen como dbure que deriva de la raíz dbr que significa palabra. Para concluir este espacio mencionaré que para la religión griega representó como lo menciona Platón que las almas de los hombres sobrios reencarnan en forma de abeja. Como vemos esto es solo un ejemplo de todos los símbolos universales de los que seguiremos hablando.

Xalapa2000@hotmail.com

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO).