Filosofando

«Nada hay que degrada y humille más al ser humano que el ser movido desde fuera de sí mismo».

-María Zambrano filósofa española-

Cuando actuamos meramente por una razón sin ideologías o estrategias que nos hagan sentir bien y por ende ser tal como nosotros queremos nos convertimos en esclavos de una sociedad a la que obedecemos según nos dicte su conveniencia o provecho.

Vivimos bajo un disfraz adecuado a las normas que rigen la vida, juzgamos a todos y cada una de las cosas por las cuales sentimos resentimiento y odio. Nuestros temas solo son despotricar al vecino, al hermano, y todo nos hace daño y nos molesta creando un entorno gris en nuestra existencia a sabiendas que al único que le hace mal pensar de esta forma es a nosotros mismos.

juzgar debería basarse en la cohesión de los principios y ser conscientes que ellos son responsables de los juicios y actuaciones que realicen sobre las demás personas para así actuar con criterio, elevando la inteligencia que se les supone a un estado emocional sensato.

Actuar de una forma visceral solo traerá consecuencias no apropiadas para nuestro desenvolvimiento y evolución en cuanto a los pensamientos se refiere.

Cuando dejamos de ser nosotros mismos nos convertimos en títeres de la situación presagiando lo funesto y por consecuencia creer que eso es lo que nos tocó vivir, buscamos culpables a lo que solo nosotros en base a nuestras acciones hemos encaminado para detenernos en el fango y no encontrar la salida.

Si quieres encontrar el verdadero camino, encuéntrate primero contigo mismo.

Te lo dice tu amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández…

La inspiración

La inspiración

Y prosigo, me destierro del umbral que habito, de lo que no concierne al sentir. Lo que se queda quieto y no da imagen alguna, como un espectro y prosigo.

Me excluyo de la anarquía, de las cosas banales que no pertenecen a nada, ni siquiera en los vagos pensamientos cuando la mente se ofusca y ahí fallecen, en la nada.

¿La inspiración de dónde llega? Aparece en instantes, cuando disfruto de mis sueños, cuando despierto y observo la cúspide celeste repleta de refulgentes lucecitas que asemejan a los cocuyos que habitan en mi bosque, el que lo he hecho mío y formo parte de él.

Ahí nace y se mantiene, jamás se va solo se posterga, como aquellas caminatas entre hojarascas resecas en épocas de otoño, cuando corría contra el viento y semejaba un aeroplano, ahí también existía la inspiración y me atrapaba, me hacía cosquillas y yo solo sonreía.

La inspiración no se aprende se nace con ella, como el canto del ruiseñor que enciende las pasiones entre trinos de avecillas en las que forman parvadas y deleitan con sus armonías. Hay ocasiones que intenta desvanecerse, solo la observo y le doy sus tiempos, algunas veces, hasta más de lo que creo, pero cuando más la necesito se revuelve y forma remolinos en el inhóspito sentir de un enamorado de la vida.

 Y recomenzamos una vez más.

Edgar Landa Hernández…

Oliver, un niño sin preocupaciones

Oliver, un niño sin preocupaciones

Detrás del denso follaje, arropado por el arrullo del viento y de la suave caricia que da la brisa matutina, habita un pequeño personaje, Su nombre Oliver.

Sus zapatitos carecen de brillo, el lodo ya seco se ha encargado de cubrirlos de otro color. Su indumentaria, respuesta a lo que se ve de inmediato, el tiempo ha hecho mella en ella, su suéter, roído e incoloro, no así su faz, a la cual su sonrisa le da el toque exacto de felicidad. Oliver es un pequeño que conocimos en una comunidad llamada 5 de mayo, el cual se ubica cerca de la sierra de tlacolulan, a una hora de la ciudad de Xalapa.

Para llegar a su comunidad hay que recorrer una vía muy accidentada, con pendientes que en algunas veces se piensa que el auto no subirá más. El terreno es escabroso, lleno de paisajes inmensos que incitan a la meditación, al análisis y sobre todo a la reflexión.

Pinos, helechos, y muchas especies de flora y fauna hacen que el recorrido sea inolvidable. Nubes gordinflonas, otras más raquíticas, crean infinidad de figuras, a lo lejos, poco a poco se entrelazan con el suspiro que llega para acrecentar aún más los latidos del corazón. Mientras nos desplazamos hacia la comunidad es común ver personas a caballo, con sus perolas llenas de leche, enlodados, pero siempre muy cordiales, saludan, ¡aunque a uno no lo conozcan!

El trayecto es toda una odisea, un viaje epopeyico en donde se recrean escenarios jamás vistos. La travesía es única y así la disfruto, poco hablo y me lleno de la naturaleza, de la presencia del Dios en el que creo, el que está en todas partes y así me lo hace saber con su gran basta obra.

Si acaso la comunidad tendrá por lo mucho unos 250 habitantes, la mayoría se dedica al pastoreo y a la ordeña, así como a elaborar carbón, para posteriormente comercializarla en la ciudad de Xalapa. Existe una pequeña clínica médica, donde el Dr., Adrián Soto vela por la salud de los que ahí residen. Se ha ganado la confianza y amistad de los lugareños.

Oliver nos saluda, sonríe dejando ver sus diminutos dientes que están próximos a caer, él tendrá si acaso 5 años de edad, pero se desenvuelve de una manera muy ágil. El brillo de sus ojos es intenso y más cuando se le pregunta si le gusta el pastel, entonces sus pupilas se abren a más no poder y su sonrisa es tan grande que casi le llega a las orejas.

Charlamos con él y nos dice que desea una pelota, y le hacemos la promesa que así será, que la próxima vez que lo visitemos, ¡le llevaremos su pelota! Oliver es un niño feliz, con un campo enorme, jugando en completa libertad, ahí no hay miedos ni perjuicios, ahí él vive con su familia jugando a vivir en un mundo mejor.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

Sonríe

“ Hay que sonreír”

Sonreír es una acción que siempre utilizo a mi favor, compartir la alegría que da el saberse bendecido por un día más.
El sentido del humor es fundamental en estas épocas de prisas, de aislamientos, de incertidumbres, donde el estrés es el pan nuestro de cada día y que solo trae consigo fatalidades.

Sonreír es el mejor ejercicio para el sano bienestar, es el equilibrio entre cuerpo y el alma. Cuando sonríes observas la vida de diferente manera, desde otra perspectiva, en la que te das cuenta que los momentos especiales son aquellos que duran poco y en los cuales se queda impregnado una parte de ti.

El sentido del humor es la sabia convivencia en la que reflexionas que envejecer no ha sido en vano y que a tu paso por este espacio terrenal has llegado tocar cientos de corazones dejando una gran huella. (Si no lo has hecho, hazlo)

Si sabemos que la vida es solo de ida para qué mortificarse viviendo en el pleito, buscando protagonismos, buscando solo la discordia entre la familia, entre los amigos. Hoy es día de la reconciliación, no solo con los demás sino con nosotros mismos, es hora de hacer una retrospectiva ver números y contar las bendiciones y las malas acciones que, por el enojo, las iras solo han servido para lastimar gente. Y eso no es sano.

Sonreír te da la energía exacta para saber perdonar, para desdramatizar la vida y saber que el vecino es tu prójimo y como tal hay que RESPETARLO. Es tiempo de dejar de hablar mal de la gente, ocúpate de lo tuyo, hoy bendice a los que te rodean, recuerda; todo lo que pidas en las leyes del universo te será concedido ya sea bueno o malo.

Hoy aprende a sonreír, mantén viva la esperanza de lograr tus sueños, sensibilízate ante el gran milagro de la vida y jamás dejes de esforzarte por ser mejor.

Te lo dice tu amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández…

El cielo gimotea

                                                                         El Cielo gimotea

Pedazos de cielo caen fragmentados sobre una reseca soledad. Las minúsculas gotas enfurecidas humectan las ausencias, dentro de fragancias de tierra húmeda, de anhelos.

La neblina se presenta y junto con ella el cuadro emblemático de la ciudad. La afligida atmósfera es convertida en apocalípticos destellos de incertidumbre. ¿Cuánto durará?

¡No lo sé!

La luvia prosigue. Echo de menos las ausencias, recuerdos que cavan tumbas inexistentes, sombríos presagios que no se han escrito.

Las mismas preguntas de siempre, algunas sin respuesta alguna. Imploro al que habita en las alturas.

El aguacero prosigue. Las hojas blancas aguardan con paciencia los discursos olvidados.

El gesto afable de la gente es un rito dentro de representaciones grotescas simulando máscaras inequívocas de hipocresía.

El nubarrón gris lava nimiedades, Alivia angustias. Y prosigo recostado, con la mirada fija, con pensamientos, algunas veces caóticos, otros, llenos de esperanza y fe.

La existencia es una espera en una estación con muerte sin final feliz.

Me gusta ver llover, presenciar sin tregua. Rompiendo paradigmas que derrumben las cumbres del orgullo.

Hoy fue una noche diferente. El día inicia y no se ve por ningún lado la moneda radiante, hoy tiene falta.

Con ingenuidad lo espero en vano. Pero con la convicción de que mañana, que mañana probablemente me vuelva a iluminar como reflejo de mi propia sonrisa.

Edgar landa Hernández.

Dia del padre

                                                                         Día  del padre

La habitación está   desierta. Apenas se percibe el sonido que crea el viento cuando choca con las ventanas. Augurios dentro de ráfagas de pensamientos con incógnitas sin descifrar. ¿Cómo llegué?  ¿Qué fue lo que hice para terminar en esta habitación donde únicamente me acompaña un álbum de antiguas fotos color sepia? Permanezco inmóvil acostado mirando el techo. ¡Estoy solo! Una sábana blanca cubre mi esquelético cuerpo. En el buró, junto a mi cama, una biblia, un vaso con agua y un montículo de medicinas que debo de tomar. ¡La televisión ya no funciona! Cuando puedo y quiero enciendo la radio, aunque siempre la misma estación.

 No sirve la perilla para cambiar de sintonía. Hoy no escucho voces afuera. Tengo ganas de levantarme pero mis fuerzas han disminuido considerablemente, El apetito también me ha abandonado, me insisten a que coma algo, pero mi cuerpo no lo tolera, si acaso lo que coma lo mantendré en mi estómago unos diez minutos, después es necesario sacarlo mediante el vómito.

Estudios me han hecho muchos, pero nadie ha acertado a ciencia cierta qué es lo que tengo. Algunas veces bebo algún jugo, pero eso me crea un dolor agudo en mi estómago. Dicen que por la acidez, pero he probado tantos que ya no se cuál  me hace bien ni cuál  mal. Cierro los ojos, y trato de  encontrar el momento donde me equivoque, las ofensas que hice y que hoy estoy pagando. La vida jamás olvida, tarde o temprano cobra la factura. Ya son ochenta años los que cargo a cuestas.

Intento levantarme y lo logro. Después de varios intentos me siento en el borde de la cama. Respiro profundo mientras que con mis manos me tapo mi rostro. Un rostro que ha perdido lozanía, elasticidad, en fin, ¡he perdido todo! De repente me mareo, todo me da vueltas siento que voy a…

-Señor Ernesto, ¿está usted bien? señor, responda. Abro mis ojos y de nuevo permanezco acostado. Solo que ahora con un gran vendaje en mi cabeza. ¿Qué fue lo que sucedió? le pregunto a la enfermera.

-Don Ernesto, usted sufrió un mareo y se cayó, lo levanté  y lavé  su herida para posteriormente vendarlo, la hemorragia no paraba y usted se desangraba.

Apreté mi boca con fuerzas, y cerré mis ojos mientras unas lágrimas visitaban mis mejillas. -Lo dejaré  aquí por un momento, y enseguida trataré  de localizar a sus familiares. Y otra vez mí vista al techo. Imaginando mil cosas, recreando mi vida. Haciendo un análisis del porqué de  mi situación actual. Tiene ya un buen tiempo que nadie me visita, solo mi nieto ha preguntado por mí. Mis hijos no me buscan, sé que cuando fui joven el orgullo y mi soberbia fueron las causas para que hoy este yo así. ¡Solo!

Era yo joven, me guiaba por mi intuición, y cometí muchos errores. Creí que dentro de mí inmadurez mis decisiones eran las correctas, ¡me equivoqué!  Un pequeño pájaro se posa sobre el borde de la ventana. Ahí permanece unos segundos para después extender las alas y marcharse. Hoy es un día diferente. Hoy no escucho a mis compañeros del asilo. A lo lejos observo el viejo calendario. ¡Con razón! es día del padre y la mayoría estará festejando junto con sus familiares.

 Pude cambiar mi destino, pero mi altivez y orgullo siempre me llevaron de su mano.

-Señor Ernesto, ¿cómo se siente?, le traje una gelatina y un poquito de atole, además mire, ¡un pedacito de pastel! ¡Muchas felicidades!, es “día del padre”. Miré  a la enfermera y apenas si sonreí. Era su trabajo cuidar de los ancianos, únicamente moví mi cabeza y muy despacio le di las gracias. Ella dejó  las cosas sobre mi buró  y salió, no sin a antes decirme que si necesitaba algo tocara yo el timbre.

Mi tiempo se agota, ¿podrá mi familia perdonarme todo el daño que les hice? ¿Mi esposa las tantas veces que la engañé?, ¿mis hijos que los traté  de forma grosera y sin respeto?  Hoy nadie quiere saber de mí, solo mi nieto que cuando tiene vacaciones me escucha y es ante él  que me he sincerado y sabe de mi arrepentimiento. ¡Si tan solo me dieran una oportunidad para pedirles perdón!  Con dificultad me siento en la cama. ¡El esfuerzo es demasiado!

Mi corazón se me sale. Los minutos pasan, se convierten en horas. Llega la tarde.

 Y junto con ella una voz que logro reconocer, ¡sí!  Es él, mi nieto. Me ve y sonríe, me abraza y me dice cuánto  me ama. Yo lo aprieto con todas mis fuerzas. -Vamos abuelo, ya no estarás más aquí, te llevaré  conmigo, no me importa los errores que hayas cometido, no soy yo quien te juzgará. Lo miro a sus ojos, es joven y ha adquirido madurez. Si yo hubiera tenido a alguien que me dijera, “estás  actuando mal,  corrige tu camino” otro sería  mi destino. Hoy es mi último día en el asilo. Lo poco que me quede de vida, daré lo mejor de mí.

Feliz día del Padre.

Edgar Landa Hernández.

Obstinación y perseverancia

“El que persevera alcanza”

Dice el dicho que “el que persevera alcanza “•Aunque muchas de las veces, la obstinación se hace presente y enfrentamos una gran confusión y sale a relucir el gran personaje que es el ego.

Tal pareciera que entre la perseverancia y la obstinación no hay gran distancia ¡pero sí que la hay!
No todo el que persevera es obstinado y viceversa. Esto es, el que persevera es aquel individuo lleno de humildad producto de sus buenas decisiones y sobre todo escuchando a todo aquel que le da un consejo llega a los objetivos que se ha trazado.

NO así el obstinado que se empecina únicamente en sus ideas, se convierte en un ser prepotente que no escucha razones y sobre todo actúa bajo el influjo del ego.se encierra en su propia razón, aun cuando sepa que está equivocado. Y esto a su vez lo conduce al fracaso y es detestado por otros.

Muchas de las veces culpan a los demás de sus malas decisiones.
El que persevera triunfa, el obstinado se estanca.
La obstinación y el ego son las caras de una misma moneda.
Dice un proverbio chino “Tenemos dos oídos y una sola boca, para que escuchemos más y hablemos menos”

Hoy haz que la humildad y la perseverancia sean el hilo conductor que te han de redituar excelentes dividendos y sobre todo las fuerzas que guíen tu barca a buen puerto.
Te lo dice tu amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández…
Se disuelve el pensamiento
Las aguas revueltas retoman su cauce. Si apenas, unas ondas permanecen.
Forman espirales interminables. Si tan solo pudiéramos detenernos un instante y mirar, todo lo que se esconde allá, lo que habita aquí, seríamos otros.

Nos refugiamos en el rastro de la soberbia, las huellas se marcan y es imposible hacerlas desaparecer. Si tan solo cubriéramos nuestra búsqueda con el afán de espolvorear el amor que se nos brinda, el que apacigua la intranquilidad, entonces ahí, responderíamos de buena manera.
Está tan cerca el ocaso.

Las manos se agrietan y las fuerzas menguan. Una partícula de polvo se levanta de entre la nada, sube y sube y después, deambula, recorre espacios, convierte en rehén la mirada, así como la esperanza.

Los poderes chocan, es una disputa entre el bien y el mal. No siempre el bien triunfa.
Y entonces sonrío. Es como un acto de amor infrenable el escribir. El tener la dicha de acomodar las letras y conformar pensamientos. Ideas con la necesidad de hacer el bien, de ser escuchado.

Es la petición de no engancharse con la soberbia, hay personas extraviadas, otras no tanto, y nosotros. Los que buscamos la ruta exacta. Los que en silencio y discreción miramos hacia arriba. Y agradecemos. Por la vida, por lo tangible, por lo intangible. Por aquel que carece, por aquel que su mirada se ha perdido y su esqueleto denota la necesidad de un pedazo de pan.

Sigamos caminando. Con la misma ilusión de descubrir los pasajes que nos guíen a la ruta deseada. Con los labios amordazados. Sin herir al prójimo.

La lluvia no cesa, la tarde cae sin prisas. Se diluye el pensamiento.

Edgar Landa Hernández.

Todo es pasajero

“Todo es pasajero”

Dice la frase que nada es para siempre. Somos pasajeros que contribuimos de cierta manera a pulirnos y a ayudar a pulirse a los demás. Todo dura lo que debe de durar, aunque la mayoría de las veces nos aferramos a algo que ya se fue y seguimos mostrando el interés hacia ese suceso o persona y nos quedamos mudos sin poder decir palabra alguna.

Detenerse un breve instante y voltear al pasado no es malo. Es poner en la balanza de la vida lo bueno y lo malo que hemos hecho. Recordar nuestra infancia, parte de nuestra juventud y aun en nuestro presente, es reencontrarse con la gratitud de proseguir en este viaje en el cual somos pasajeros.

Algún día nuestro itinerario finalizará, pero se quedará nuestro recuerdo en los corazones de todos aquellos que tuvieron la alegría de compartir con nosotros.
¿Qué hemos hecho? ¿Hasta dónde hemos llegado? Son algunas de las interrogantes que a veces nos hacemos. Nuestros ojos cansados miran ya de una forma inusual, ahora contemplan, disfrutan del entorno y se maravillan del color del sol. ¿Será acaso que confundimos la humildad con la sencillez?

La vida no sería vida si no estuviera prevista de escollos y vicisitudes a las que debemos de enfrentarnos día a día, es enfrentar nuestros miedos y lograr crear una atmósfera en donde encontremos las herramientas necesarias para poder proseguir.

Mi padre con la experiencia que había adquirido a través de los años alguna vez me dijo” no te empecines por ver más allá del horizonte, será a través de tu camino que un día llegarás y atestiguarás que lo que buscabas no estaba allá a lo lejos” Y la vida de mi padre también fue pasajera. Duró lo que debía de durar. Y así lo acepté.

Hoy sigo siendo pasajero, del ayer, del hoy y quizás del mañana que aún no llega, pero mientras eso sucede me sigo maravillando de la gran obra de Dios…

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández…

Un Breve Viaje

                                                        Un breve viaje

Fotografias de Victor Dj Peralta.

Dialogo con las múltiples posibilidades referente a efectuar un breve viaje a través de las arterias citadinas que conforman mi bella Xalapa. Caminar sobre las irritadas avenidas, es un escape a una realidad que lacera, que impone condiciones en una actualidad caótica.

¡Desde niño me enamoré de mi ciudad! Cuando fiel a la observación contemplaba por la estación nueva los árboles de nísperos, ¡eso me gustaba!, mirar su fisionomía como trasmutaba a un color amarillo, herencia de memorias entre naranjales extintos, guayabos aromáticos en donde entre sus ramas me quedaba colgado cortando sus frutos junto con mis hermanos y amigos.

Y qué decir del ferrocarril, metáforas encuarteladas entre rieles de acero horizontales, despojos de vida que ausentan las dificultades convirtiéndose en salidas al sonido del chucu chucu. Mientras camino, decido. El sentir bucólico me lleva de la mano. En algunos sitios me detengo, suspiro y rememoro. ¡Mi ciudad al igual que yo hemos cambiado!

Cada paso que doy es un latido, escucho entre los tejados murmullos que presagian reverberaciones fieles a la primicia de una luna que apenas se deja ver, sale fugitiva, ilumina y se vuelve a esconder entre desteñidas nubes dejando en el asombro el paisaje.

Me detengo frente a la iglesia de san José. Admiro su estructura arquitectónica, sus campanarios que a esta hora callan, homilías contra aptitudes erróneas, bosquejo de una esperanza que tarde o temprano habrá de llegar en forma de fe.

Hace muchos años la neblina era el emblema de Xalapa, hoy, debido al calentamiento global la ciudad sufre, tiene sed, sus lluvias se ausentan y crean grietas, y no únicamente de agua, también de solidaridad, le hemos quitado su flora, y eso, ¡eso duele!

Hoy disfruto, contemplo. No llevo prisa. Todo a su tiempo, en el compás de un tic tac señalando los segundos que a la postre son momentos convertidos en oraciones, que algún día, algún lector se detendrá a leerlos, y quizás al igual que yo, vuelva a enamorarse de mi ciudad, sin siquiera haber estado ahí.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar landa Hernández.

Entre árboles y una que otra flor

                                                   

En el diario trajinar de lo ordinario, cuando el ruido citadino se desvanece producto de la ausencia de automotores, que por ser domingo aguardan en sus cocheras.

Avanzo y me traslado a donde entre semana no puedo, a donde existen espacios que pasan desapercibidos. Hace unas semanas, un enorme árbol, ubicado frente a palacio municipal era derribado sin miramientos. Era extenso y proporcionaba frescura debido a sus frondosas hojas.

Suministraba oxígeno y nos surtía de una interminable gama de colores, desafortunadamente había que acabar con él y en un santiamén se ejecutó al inerte ser vivo que indefenso nada pudo hacer.

Hoy, domingo descubro nuevos árboles, algunos jóvenes, otros sobreviven a que alguna autoridad los observe y den orden de echarlos abajo.

 Sobre la concurrida Avenida Lázaro Cárdenas, en dirección hacia banderilla, casi esquina con la avenida Xalapa, existe una hilera de árboles de diversas especies, hay pinos, oyameles, y en medio de ellos, resalta la silueta vertical de lo que fue un árbol. Hoy luce desnudo, simplemente es un tronco erguido, siendo cobijado por los demás.

¡No da sombra, tampoco frutos! Únicamente sirve para que, alguna que otra ave se pose sobre él y entone sus trinos en señal de felicidad. Su edad creo que nadie la ha de saber, su fisonomía no da paso a imaginarse cómo sería en sus años mozos. Pero él continúa en su encomienda, permanecer erguido hasta que sus raíces no puedan más, o alguna persona acabe con él. Quizás si despareciera no pasaría desapercibido, pero si dejaría un enorme espacio entre los otros de su especie.

Que bello sería que fuéramos como árboles, cada uno dando lo mejor de sí, sin siquiera envidiar lo que el otro brinda, simplemente realizar nuestra obra, ya sea con frutos o sin ellos, con o sin follaje, pero con la firme encomienda de proporcionar lo que tenemos, total, alguien algún día notará nuestra ausencia dejando un enorme hueco difícil de cubrir.

Edgar Landa Hernández.

Carta de Manolo para Lupita

Carta de Manolo, el español, a lupita, la mexicana

Querida lupita:

Te escribo desde donde yo estoy, ¡aquí! 1,2,3,4,5,6,7, 8…Sé que cuento contigo.

No sabes cuántas ganas tengo de decirte muchas cosas, pero por la emoción se me ha olvidao.

Hoy he empezado a escribir para ti, pero déjame decirte que las tarifas de la luz acá en España están por las nubes, así que he ideado escribirte con tan solo la luz de una vela que me sobró de la última posada. Aunque está pequeña me sirve para alumbrarme. Lo que no sé si tú la vayas a poder leer, ya que estoy casi a oscuras. ¡Te extraño!

Fíjate que, así como me dijiste he empezado a leer poesía. Aunque no se para qué  me servirá, he seguido tu consejo. Deseaba compartir y escribirte sobre otros temas, pero como yo desconozco, mejor no te escribo nada. Te comento que recién he agarrado el libro de un tal Cervantes, que escribió un tal sancho, lo he ocupao para que la puerta no se cierre, ya que últimamente las ráfagas de aire la azotan.

He pensado ir a México a pedir tu mano, aunque pensándolo bien, mejor pediré otra cosa, ojalá y tu padre no se alebreste.

La última palabra te costará trabajo leerlas, ya que la vela se ha derretio y ha caído sobre la hoja, pero no te preocupes no era algo importante.

Aunque pensándolo bien, si debes de leerlo, así que te daré instrucciones para poder derretir la cera, con un fósforo prendido lo pones directamente a la cera escurrida, entonces se derretirá y podrás leer el mensaje. No te preocupes si se quema la hoja, preocúpate que no te quemes tú.

Como ya sé que te cuesta leer, estoy escribiendo despacio.

Espero verte pronto, atte. Manolo.