La inspiración

La inspiración

Y prosigo, me destierro del umbral que habito, de lo que no concierne al sentir. Lo que se queda quieto y no da imagen alguna, como un espectro y prosigo.

Me excluyo de la anarquía, de las cosas banales que no pertenecen a nada, ni siquiera en los vagos pensamientos cuando la mente se ofusca y ahí fallecen, en la nada.

¿La inspiración de dónde llega? Aparece en instantes, cuando disfruto de mis sueños, cuando despierto y observo la cúspide celeste repleta de refulgentes lucecitas que asemejan a los cocuyos que habitan en mi bosque, el que lo he hecho mío y formo parte de él.

Ahí nace y se mantiene, jamás se va solo se posterga, como aquellas caminatas entre hojarascas resecas en épocas de otoño, cuando corría contra el viento y semejaba un aeroplano, ahí también existía la inspiración y me atrapaba, me hacía cosquillas y yo solo sonreía.

La inspiración no se aprende se nace con ella, como el canto del ruiseñor que enciende las pasiones entre trinos de avecillas en las que forman parvadas y deleitan con sus armonías. Hay ocasiones que intenta desvanecerse, solo la observo y le doy sus tiempos, algunas veces, hasta más de lo que creo, pero cuando más la necesito se revuelve y forma remolinos en el inhóspito sentir de un enamorado de la vida.

 Y recomenzamos una vez más.

Edgar Landa Hernández…