Naguib Mahfuz / Pasaje de su vida

Por la mañana, se levanta muy temprano, y lo primero que hace es concen- trarse: “Intento memorizar lo que he soñado, tal vez escriba sobre ello”. Después de desayunar, recibe a su amigo, el señor Sabry, que le lee la prensa del día y algunos libros. Más que leerle, el señor Sabry le grita al oído, como el señor Salmawy durante nuestra entrevista. Más tarde, una vez ha comido, Mahfuz sale de tertulia, a charlar con sus amigos, un grupo diferente de amigos cada día (aunque alguno de ellos repite turno), en diferentes cafés, bares y hoteles de la ciudad, hasta las diez de la noche. Nada recluye a Mahfuz, que va a cumplir 95 años, es ciego, casi sordo y no puede hablar demasiado tiempo seguido. Sus activi- dades habituales incluyen sesiones de fisioterapia tres veces por se- mana. 

¿Cómo sería la vida de Naguib Mahfuz sin la puñalada que recibió la tarde del 14 de octubre de 1994? Aquel día, el escritor, tras salir de su casa, fue atacado por un integrista religioso, que consiguió clavarle un cuchillo en el cuello. Salvó su vida porque el amigo que le acompañaba en aquel momento era médico y porque el atentado se produjo al lado de un hospital. Desde entonces, le acompañan las secuelas de aquel ataque. Por ejemplo, su mano derecha quedó paralizada. “Tuvo que aprender de nuevo a coger el lápiz –nos cuenta Mohamed Salmawy–, ¡él, que había recibido el mayor premio literario del mundo! Y lo hizo sin quejarse. Consiguió al final, tras mucho ejercicio, poder escribir media hora al día, aunque nunca más aquella letra clara de antes”. Mahfuz nos muestra, trabajosamente, su caligrafía actual, que le permite escribir alguna frase corta o firmar un libro. Parece la letra de un niño.

Extraído del libro «La vuelta al mundo en 80 autores» de Xavi Ayén con fines exclusivamente de divulgación, no comercial.

Tesla 3 / Tesla un gran desconocido

Nikola Tesla es el gran desconocido. Promociones enteras de ingenieros salen de las escuelas sin saber de su existencia, mientras se dedican a construir centrales hidroeléctricas, grandes y pequeños motores, sistemas de distribución de alta tensión, redes inalámbricas, estaciones de radio y mil artilugios en cuyo nacimiento la

sobrexcitada mente del croata, en mayor o menor medida, tuvo que ver. Como si el hombre se hubiera transformado en su obra, como si hubiera disuelto completamente su identidad en ella. Y en cierta forma, quizá sea ese el mayor homenaje que pueda recibir quien aspira a cambiar el mundo: que lo que ha creado pase a formar parte tan inseparable de la vida de la gente que ni siquiera sea capaz de reparar en su existencia. De ahí que su nombre lleve camino de abandonar la carnalidad para convertirse en algo intangible e indefinible. Apoyada, sobre todo, en el aura de misterio que envolvió su figura en sus últimas décadas de vida, y en el culebrón conspiranoico que se formó en torno a sus papeles per- didos, supuestamente ocultados por el Gobierno americano (hasta el FBI, en su página web, ha tenido que incluir esa incautación como uno de los diez mitos más difundidos sobre la actividad de la agencia), la 

figura de Tesla se ha convertido en un molde que puede rellenarse a voluntad del consumidor. Si pocos años después de su muerte hubo quien proclamó que en realidad no era de este mundo (sino, más concretamente, de Venus), hoy vemos cómo se le relaciona con los grupos más heterogéneos: los que denuncian la existencia de tecnologías misteriosas utilizadas por los gobiernos para manipular el clima y hasta los terremotos, defensores del vegetarianismo extremo, budistas, creyentes en la parapsicología… El rastro borrado del paso de Tesla por el mundo deja un hueco en el que los perfiles posibles se multiplican, hasta el punto de convertirle en el mayor filántropo o el más peligroso de los villanos.

Serie de tres publicaciones extraídas del libro Yo y la energía del autor Miguel A. Delgado. Publicado sin fines de lucro, solo motivado por la divulgación de este importante científico.

Oliver, un niño sin preocupaciones

Oliver, un niño sin preocupaciones

Detrás del denso follaje, arropado por el arrullo del viento y de la suave caricia que da la brisa matutina, habita un pequeño personaje, Su nombre Oliver.

Sus zapatitos carecen de brillo, el lodo ya seco se ha encargado de cubrirlos de otro color. Su indumentaria, respuesta a lo que se ve de inmediato, el tiempo ha hecho mella en ella, su suéter, roído e incoloro, no así su faz, a la cual su sonrisa le da el toque exacto de felicidad. Oliver es un pequeño que conocimos en una comunidad llamada 5 de mayo, el cual se ubica cerca de la sierra de tlacolulan, a una hora de la ciudad de Xalapa.

Para llegar a su comunidad hay que recorrer una vía muy accidentada, con pendientes que en algunas veces se piensa que el auto no subirá más. El terreno es escabroso, lleno de paisajes inmensos que incitan a la meditación, al análisis y sobre todo a la reflexión.

Pinos, helechos, y muchas especies de flora y fauna hacen que el recorrido sea inolvidable. Nubes gordinflonas, otras más raquíticas, crean infinidad de figuras, a lo lejos, poco a poco se entrelazan con el suspiro que llega para acrecentar aún más los latidos del corazón. Mientras nos desplazamos hacia la comunidad es común ver personas a caballo, con sus perolas llenas de leche, enlodados, pero siempre muy cordiales, saludan, ¡aunque a uno no lo conozcan!

El trayecto es toda una odisea, un viaje epopeyico en donde se recrean escenarios jamás vistos. La travesía es única y así la disfruto, poco hablo y me lleno de la naturaleza, de la presencia del Dios en el que creo, el que está en todas partes y así me lo hace saber con su gran basta obra.

Si acaso la comunidad tendrá por lo mucho unos 250 habitantes, la mayoría se dedica al pastoreo y a la ordeña, así como a elaborar carbón, para posteriormente comercializarla en la ciudad de Xalapa. Existe una pequeña clínica médica, donde el Dr., Adrián Soto vela por la salud de los que ahí residen. Se ha ganado la confianza y amistad de los lugareños.

Oliver nos saluda, sonríe dejando ver sus diminutos dientes que están próximos a caer, él tendrá si acaso 5 años de edad, pero se desenvuelve de una manera muy ágil. El brillo de sus ojos es intenso y más cuando se le pregunta si le gusta el pastel, entonces sus pupilas se abren a más no poder y su sonrisa es tan grande que casi le llega a las orejas.

Charlamos con él y nos dice que desea una pelota, y le hacemos la promesa que así será, que la próxima vez que lo visitemos, ¡le llevaremos su pelota! Oliver es un niño feliz, con un campo enorme, jugando en completa libertad, ahí no hay miedos ni perjuicios, ahí él vive con su familia jugando a vivir en un mundo mejor.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

Tesla 1 / EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

 No siempre la condición de visionario adorna a quienes se dedican a la ciencia y a la tecnología. Una intuición genial se esconde habitualmente tras horas de trabajo, y en muchas ocasiones es la simple casualidad la que orienta una investigación. Tesla era un gran trabajador, qué duda cabe, capaz de vivir literalmente en su laboratorio cuando era necesario, y numerosos testimonios hablan de su poca necesidad de dormir; lle- gaba a hacer bromas a costa de Edison, que supuestamente también era insomne, aunque Tesla decía haberlo sorprendido en algún momento durmiendo a pierna suelta en su estudio. Pero el trabajo, desde luego 

necesario para que cualquier invento llegue a buen puerto, era solo la última parte del viaje: antes, en su cabeza ocurrían cosas, y cosas mucho menos ortodoxas que las que les suceden al común de los mortales.

Obituario del Veracruzano Benito Fentanes

Falleció en Veracruz, el 22de junio de 1953.
Fue becado a la normal donde se tituló el 16 de junio de 1890; presentó examen del último grado en 1891.

Nombrado director de la escuela que fundó su padre, «Manuel Carpio». Se distinguió por su gusto a la gramática, tenía un excelente dominio del idioma y escribió varias obras didácticas al respecto. Fue poeta y cuentista.
En 1910 se desempeñó como inspector de la zona escolar de Cosamaloapan; participó en el homenaje que se le hizo a Rubén Darío en el Puerto de Veracruz. En 1904 tomó parte en un concurso nacional de cuentos para navidad, obtuvo el segundo lugar por su cuento La mañosa. En 1912 fundó el semanario Grano de arena con un grupo de amigos, con el tiempo se quedó solo y entonces utilizaba un seudónimo, Modesto Junco del Campo.

No era político pero…, en 1918 fue electo diputado federal por su distrito, pero su actividad fue gris porque carecía de interés para él.

Dio clases gratuitas en una secundaria y en una preparatoria. Fundó una escuela particular con su hijo.
Obra escrita se mencionan: El trabajo, libro escolar de lecturas; El niño y la vida; Guía de Lenguaje. De sus versos: Jaspes y bronces; Fosforescencias; De primavera y otoño; Tesoro del idioma castellano; Combatiendo barbarismos; Chispitas gramaticales versificadas; etc.
La Academia de la Lengua Mexicana le otorgó un diploma por su labor desarrollada en este campo, con motivo de sus Bodas de Oro Magisteriales.

LOS PECADOS DE AMADA / Por: Javier Vitela

Ni el nombre recordabas, Amada tu sobrenombre, el que adoptaste
Como el verdadero. Eras solo el olvido de los muchos hombres a los que habías complacido por unas monedas y unos tragos secos que todavía te raspaban la garganta. Los tiempos buenos habían pasado, se extinguieron en los años vividos que desgastaron tu cuerpo y alma Trastocándote la intimidad
Que muchos de ti tuvieron pero, el corazón lo reservaste para aquel hombre que nunca llegó, el que tal vez nunca existió y solo fue el ideal platónico que en tu subconsciente ahogaste, si se te hubiera hecho realidad que explicaciones le ibas a dar; mira que ya no tenías ni intimidad para ofrecerle.

Te tuvieron todos pero no fuiste de nadie, en el existir llevabas ese pecado intrínsecamente vinculado a tu persona. Eras ya anciana; fuiste la más deseada.
Hilvanabas con los recuerdos la mortaja que a ti misma te dabas por las culpas de haberte vendido a diario. Ahora recibías al igual monedas que en su tintinar te colmaban el tímpano emulando a la rocola que jamás se callaba en esas cantinas donde las penas se van a olvidar; donde las penas con mezcal se van a enjuagar. Eras ahora esa pobre pordiosera que tenía que rogar para sobrevivir. A veces antes a ti te rogaban, hasta te dabas el lujo de a tus clientes escoger. Mirate ahora amada, tirada a las puertas de la iglesia, no te atrevías siquiera a entrar para tus penas inmolar.

Pasó frente a ti esa persona que emular tu leyenda quería, porque singular fuiste entre el bajo mundo de las caricias que solo alcanzan a moldear el pecado de la lujuriosa pasión carnal, se paró que a sus pies quedaste sin saber ella de ti, saco un peso de plata y te lo tiró al sucio canasto que ahogó el sonido del fino metal. A veces La Plata con su resplandor argenta.

Necesita estrellarse con suelo duro para sus bríos relucir en ese brillantísimo tintineo que a los oídos habrán de penetrar.
Se adentro la mujer a la parroquia, tal vez para su ser de pecado con su propia alma estrellar; y tal vez en el tintineo del desencuentro su espíritu elevar. Lo cierto es que aquella dama del pecado jamás de la parroquia se le vio salir; nunca adentro se le vio entrar, solo Amanda advirtió la presencia de aquella misteriosa mujer. Amada atesoró La Moneda de plata que en limosna le dio, al poco tiempo amada murió. Ahora al entrar en aquella parroquia el alma de amada se advierte pues se escucha de la nada una moneda con el suelo chocar produciendo ese tintineo hipnótico, dicen que los niños, que son libres de pecado alguno, son los únicos que el penetrante ruido de La Plata no escuchan.

Solo los inocentes y libres de pecado son sordos a las ambiciones que las riquezas habrán de provocar, la lujuria del deseo carnal siempre sucumbe al resplandor que el dinero genera, al sonido pecaminoso cuyo eco regresará contándonos una verdad.

Tesla 2 / Infancia

Sin embargo, Tesla no asociaba su primera experiencia de la electri- cidad con esas potentes demostraciones de la naturaleza, sino con una mucho más cercana, que le habría sucedido cuando solo contaba con tres años de edad. Por entonces, la aldea entera había quedado cubierta por una gran nevada, y el pequeño Niko permanecía en casa junto a sus padres. Se acercó entonces a Mačak, el gato de la familia, con el que pa- saba la mayor parte del tiempo, y acarició con fuerza su lomo. Para su sorpresa, del pelaje del animal comenzaron a salir destellos, y el pe- queño observó, sin habla, cómo al roce con su mano, del pelo del gato surgía una cascada de chispas perfectamente audibles. Probablemente, muchos niños se asustarían, pero el pequeño Niko simplemente miró a su padre esperando una respuesta al extraño 

meno que estaba observando: —No es nada, es solo electricidad, lo mismo que ves sobre los árb les en una tormenta. Mi madre parecía encantada. —Deja de jugar con ese gato —dijo—, puede provocar un incendio. Yo pensaba de manera abstracta: ¿es la naturaleza un gato gigante? Y si es así, ¿quién le acaricia el lomo? Solo puede ser Dios, concluí. No exagero al referir el efecto de esa noche maravillosa en mi imag nación infantil. Día tras día me preguntaba qué era la electricidad y no encontraba respuesta. Ochenta años han pasado desde entonces y todavía me pregunto lo mismo, y sigo siendo incapaz de responder.

A Story of Youth Told by Age, una historia escrita por Tesla para la niña de ocho años Pola Fotić, hija del embajador yugoslavo en Estados Uni- dos, Konstantin Fotić, con la que compartía un común amor por los gatos.