DINAMISMO Y TALENTO / MARICARMEN DELFÍN DELGADO

La pintora y poeta Blanca Vargas, reconocida en la ciudad como una gran artista plástica cuyo talento ha trascendido fronteras, no se detiene en cuanto a su actividad cultural ya que constantemente está participando en exposiciones de obra, lectura de poesía, encuentros literarios y aportando sus conocimientos a la sociedad.

Hace unos días se mantuvo muy activa en la gira “III Galería Internacional de Arte y Cultura 2022” organizada del 16 al 19 de mayo por la poeta María Dolores Reyes Herrera, desarrollada en Zumpango en el estado de Hidalgo, donde trabajó con alumnos de escuelas primarias en diversas actividades como pintura, creación literaria, modelaje en plastilina y resina, y teatro.

Y en San Juan Teotihuacán en el Estado de México, con alumnos de escuelas secundarias, donde se implementaron a las actividades ya mencionadas, el taller de lectura y poesía, fotografía y periodismo.

Enhorabuena por esta incansable y talentosa artista que pone en alto el nombre de la ciudad y de nuestro estado, nacional e internacionalmente.

Imagen: Blanca Vargas, fotografía propia.

DIÁLOGO ENTRE AMIGOS / Autor: Raúl Silva

Amigo no te debe dar miedo, sé que muchas veces fuiste cobarde ante las situaciones difíciles. A los mayores de edad hay veces, que en lugar de ser fuertes somos proclives a la debilidad.
Has mostrado últimamente en convertirte en un hombre valiente.
—Sí amigo, es cierto, he pensado seriamente en dejar de lado mis temores.
De niño le tenía miedo a las arañas, a los alacranes, pero más miedo a la noche, sí a la noche.
Rezaba una oración que decía:
«San Jorge Bendito amarra tus animalitos con tu cordón bendito,
San Silvestre Papa del Monte Mayor cuida nuestra casa al derredor de brujas hechiceras, de perros con rabia y de un hombre malhechor».
Al principio dudaba que esos santos me hubieran escuchado, pero al ver que las arañas y alacranes ya se habían metido entre las tejas, ya me quedaba contento por la efectividad de la oración, creo que ahí nació mi fe.
No aprendí a nadar por miedo. El ruido infernal de los grillos, que era normal por vivir en una casa grande y vieja, con una huerta como complemento, era claro que había cientos de grillos y cigarras con un
concierto nocturno.
¿Miedo a la noche? Sí.
Ahora de viejo he dejado atrás temerle a la muerte, porque la vida me ha dado tanto mediante el Gran Patrón.
Que no me rajaré a enfrentar mi futuro porque mi fuerza y valentía no sale de mí sino que viene de allende las nubes,
SÍ, del Cielo.

Raúl Silva.

LA PELOTA (cuento) / Autor: Felisberto Hernández

Activa la Milonga para acompañar este bello cuento del gran Felisberto Hernández de Uruguay

Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara; después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita -pronto para correr- yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra. Y que no había más remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más linda; era eso lo que me hacía rabiar. Cuando la estaba terminando, vi cómo ella la redondeaba, tuve un instante de sorpresa y sin querer hice una sonrisa; pero enseguida me volví a encaprichar. Al tirarla contra el patio el trapo blanco del forro se ensució de tierra; yo la sacudía y la pelota perdía la forma: me daba angustia de verla tan fea; aquello no era una pelota; yo tenía la ilusión de la otra y empecé a rabiar de nuevo. Después de haberle dado las más furiosas “patadas” me encontré con que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran los que yo imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; de pronto parecía que iba a parar, pero después resolvía dar dos o tres vueltas más. En una de las veces que le pegué con todas mis fuerzas, no tomó dirección ninguna y quedó dando vueltas a una velocidad vertiginosa. Quise que eso se repitiera, pero no lo conseguí. Cuando me cansé, se me ocurrió que aquel era un juego muy bobo; casi todo el trabajo lo tenía que hacer yo; pegarle a la pelota era lindo; pero después uno se cansaba de ir a buscarla a cada momento. Entonces la abandoné en la mitad del patio. Después volví a pensar en la del almacén y a pedirle a mi abuela que me la comprara. Ella volvió a negármela, pero me mandó a comprar dulce de membrillo. (Cuando era día de fiesta o estábamos tristes comíamos dulce de membrillo). En el momento de cruzar el patio para ir al almacén, vi la pelota tan tranquila que me tentó y quise pegarle una “patada” bien en el medio y bien fuerte; para conseguirlo tuve que ensayarlo varias veces. Como yo iba al almacén, mi abuela me la quitó y me dijo que me la daría cuando volviera. En almacén no quise mirar la otra, aunque sentía que ella me miraba a mí con sus colores fuertes. Después que nos comimos el dulce yo empecé de nuevo a desear la pelota que mi abuela me había quitado; pero cuando me la dio y jugué de nuevo me aburrí muy pronto. Entonces decidí ponerla en el portón y cuando pasara uno por la calle tirarle un pelotazo. Esperé sentado encima de ella. No pasó nadie. Al rato me paré para seguir jugando y al mirarla la encontré más ridícula que nunca; había quedado chata como una torta. Al principio me hizo gracia y me la ponía en la cabeza, la tiraba al suelo para sentir el ruido sordo que hacía al caer contra el piso de tierra y por último la hacía correr de costado como si fuera una rueda.

Cuando me volvió el cansancio y la angustia le fui a decir a mi abuela que aquello no era una pelota, que era una torta y que si ella no me compraba la del almacén yo me moriría de tristeza. Ella se empezó a reír y a hacer saltar su gran barriga. Entonces yo puse mi cabeza en su abdomen y sin sacarla de allí me senté en una silla que mi abuela me arrimó. La barriga era como una gran pelota caliente que subía y bajaba con la respiración y después yo me fui quedando dormido.

Pita Amor 1 / Texto extraído del ensayo de Beatriz Espaejo: Pita atrapada en su casa

Publicaba en diferentes diarios, revistas y suplementos, América, Hoy, El Nacional, México en la cultura.
Tenía un programa en la televisión dela que fue pionera,
pues antes que ella sólo apareció Amalia Hernández, se
llamaba “No c t u r n a l”, de media hora cada tercer día a las
diez de la noche. Lo transmitían en vivo. Al inicio recitaba una de sus décimas y lo cerraba con otra. El resto del tiempo recordaba poemas suyos o de sus maestros. Llenaba el estudio con voz poderosa, imitable y paradójicamente inconfundible. Llegaba escoltada por Dolores
Puche, Sergio Astorga y, a veces, Cordelia Urueta, y metida en largos trajes de terciopelo negro que
descubrían sus hombros magníficos. El espectáculo duró
poco más de año y medio y fue cancelado por un curioso
incidente, uno de los tirantes se desprendió mostrando al
a i re un seno. Pe ro al poco tiempo siguió apareciendo convocada por Emmanuel Carballo en el primer programa del tipo patrocinado por el Fondo de Cultura Económica, “Invitación a la Cu l t u r a”. Repartía en las redacciones de los periódicos retratos suyos como si fueran
volantes y se le veía en todas partes. Daba recitales en el
Auditorio dela Facultad de Medicina en Ciudad Universitaria. Esa publicidad, a la que era pro c l i ve de manera nata y quizás impulsada gracias a los ejemplos de Diego R i vera y Frida Kahlo que la invitaban con grandes muestras de júbilo a la Casa Azul de Coyoacán, le valió un público fiel y una reputación dudosa compartida por otras
mujeres como Nahui Ollín, Lupe Marín, María Asúnsolo, Tina Modotti, Machila Armida, que habían abierto
caminos y roto tabúes hacia la libertad sexual. Pita era
dueña de su cuerpo y enfrentaba las consecuencias en
un México que intentaba ser cosmopolita; pero condenaba sin miramientos a quienes rompían las llamadas
buenas costumbres

Pita Amor / Una historia singular

Incursionó en su juventud, antes que en la literatura, en el cine y el teatro. Fue también actriz y modelo de fotógrafos y pintores destacados, entre ellos Diego RiveraJuan Soriano y Raúl Anguiano. Fue a su vez amiga de Frida KahloMaría FélixGabriela MistralSalvador NovoPablo PicassoJuan RulfoAlfonso Reyes y Elena Garro,1​ entre otros. Aborda en su poesía temáticas como lo son la soledad, el vacío y Dios. Escritos sus textos siempre en primera persona, se observa una clara influencia de Sor Juana Inés de la CruzFrancisco de Quevedo y Luis de Góngora.

Texto extraído de Wikipedia

Código / Alberto Calderón P.

Mis ojos te descubrieron, escuché una melodía, era tu voz, una clave morse se desprendió de mi pecho, en el aire se desvaneció, formas binarias eran tu figura, imaginé la estructura de tus genes, tus signos escritos me permitieron conocerte, al ver tus expresiones, apareció un aleteo de mariposas, las campanas se escucharon muy lejos.

Alberto Calderón P. 27-04-2019

ACTITUDES COTIDIANAS / Maricarmen Delfín Delgado

En la actualidad nuestro país está pasando por una época de inseguridad y falta de respeto a la vida misma, ocasionada por gente desadaptada  de la sociedad que su único objetivo es el dinero y el poder de forma fácil, atentando contra sus semejantes sin consideración ni miramientos.

También a nuestro alrededor convivimos con algunos ciudadanos que no son precisamente delincuentes pero su conducta pone en evidencia la falta o desconocimiento de las reglas para la buena y sana convivencia entre los humanos, que son los valores derivados de la Ética.

Hemos polemizado mucho acerca de dicho fenómeno sin precisar la causa, pero  hay un punto en el  que coincidimos cuando reflexionamos si tales o cuales conductas son apropiadas o no, y concluimos en que la desorientación en la vida de algunas personas es la falta o el desconocimiento de los valores.

Los valores son todos aquellos principios que les permiten a los seres humanos mediante su comportamiento realizarse como mejores personas.

Valor es aquello que hace buenas a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseos. El valor es todo bien encerrado en los conceptos  materiales y abstractos, descubierto por la inteligencia, deseado y querido por la voluntad.

Los valores dignifican y acompañan la existencia del ser humano. El hombre podrá apreciarlos sólo si es educado en ellos, y educar en valores es lo mismo que educar moral y humanamente, pues serán éstos los que enseñan a los individuos a comportarse como buenas personas.

El valor, por lo tanto, es la convicción razonada y firme de que algo es bueno o malo y si nos conviene o no nos conviene. Los valores reflejan la personalidad de los individuos y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcados por la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Los seres humanos tenemos dos facultades superiores muy nobles que nos permiten identificar los valores: la inteligencia y la voluntad.

Con la inteligencia descubrimos que las cosas tienen valor, y podemos reflexionar y comportarnos sensatamente y no por capricho, con esta inteligencia analizar los hechos y moderar  la conducta.

Con la voluntad libre rompemos la indiferencia ante las cosas y los hechos y elegimos lo que para nosotros es más conveniente, jerarquizando  de acuerdo a nuestra escala de valores.

Con estas conductas de valor formamos actitudes que con la práctica constante se convierten en buenos hábitos y estos hábitos a su vez, después de practicarlos habitualmente se perfeccionan convirtiéndose en virtudes. Es decir, un valor ético y moral practicado cotidianamente se perfecciona y nos convierte en personas virtuosas.

Todos influimos en los valores, pero el que se educa es uno mismo, uno hace propios los valores. Cada persona hace suyos los valores con la experiencia recogida en su casa, en la escuela y en la sociedad.

Las personas más significativas para el niño o el adolescente que influyen en su formación ética son los padres, los abuelos, los maestros, los tutores, los líderes religiosos y los amigos, que en los primeros años de su vida son muy importantes.

Los valores cuando ya se interiorizaron, se convierten en guías y marcan las pautas a seguir para una conducta coherente, que facilita la relación madura y equilibrada con las personas, con el entorno y sus acontecimientos, proporcionándonos un poderoso sentimiento de armonía personal.

Al crecer las sociedades se diversifican los criterios, fluyen variedad de pensamientos que mal encaminados son semilla de conflictos, pudiendo convertirse en progreso si se orientan con la educación con valores. El factor determinante en este aspecto es la familia, formadora de los primeros pensamientos en los hijos con ideas que vayan en contra del racismo, la intolerancia, la discriminación y la xenofobia. Somos lo que pensamos y nuestros conceptos determinan cómo percibimos el mundo y cómo nos comportamos ante él.

Hagamos de la conducta basada en estos principios, una actitud cotidiana.

Imagen: Internet, «La mirada del tiempo», Patricia L. Altina

mcarmendelfin@hotmail.com

Brilla el sol / Autor: Javier Vitela P.

Brilla el sol con su abrazante cobijo
Inmenso su ser con lenguas de fuego
Hijo de Dios, te puso un acertijo.

Astro inmenso te pido con un ruego
Me Ilumines de vida y sentimiento
A la ciega ignorancia yo la niego.

Dame el calor lejano que no siento
Para el tiempo con su histérica prisa
Y duerme en sueño a mi pensamiento.

Has arder mi corazón en ceniza
Que polvo sean la pasión del humano
Da el Consuelo de tu luna poetisa.

Congela en fuego al profano y mundano
Siembra en la tierra consuelo y esperanza
Abriga la semilla de lo arcano.

Danos tu reflejo en una alabanza
Que conceda las premisas de amor
Derrite sentimientos de venganza.

Sátira humana somos sin tu favor
Burlesque vida que en sombras medita
Cuando las estrellas te rinden fervor.
Negro cielo donde la noche habita.

Entre árboles y una que otra flor

                                                   

En el diario trajinar de lo ordinario, cuando el ruido citadino se desvanece producto de la ausencia de automotores, que por ser domingo aguardan en sus cocheras.

Avanzo y me traslado a donde entre semana no puedo, a donde existen espacios que pasan desapercibidos. Hace unas semanas, un enorme árbol, ubicado frente a palacio municipal era derribado sin miramientos. Era extenso y proporcionaba frescura debido a sus frondosas hojas.

Suministraba oxígeno y nos surtía de una interminable gama de colores, desafortunadamente había que acabar con él y en un santiamén se ejecutó al inerte ser vivo que indefenso nada pudo hacer.

Hoy, domingo descubro nuevos árboles, algunos jóvenes, otros sobreviven a que alguna autoridad los observe y den orden de echarlos abajo.

 Sobre la concurrida Avenida Lázaro Cárdenas, en dirección hacia banderilla, casi esquina con la avenida Xalapa, existe una hilera de árboles de diversas especies, hay pinos, oyameles, y en medio de ellos, resalta la silueta vertical de lo que fue un árbol. Hoy luce desnudo, simplemente es un tronco erguido, siendo cobijado por los demás.

¡No da sombra, tampoco frutos! Únicamente sirve para que, alguna que otra ave se pose sobre él y entone sus trinos en señal de felicidad. Su edad creo que nadie la ha de saber, su fisonomía no da paso a imaginarse cómo sería en sus años mozos. Pero él continúa en su encomienda, permanecer erguido hasta que sus raíces no puedan más, o alguna persona acabe con él. Quizás si despareciera no pasaría desapercibido, pero si dejaría un enorme espacio entre los otros de su especie.

Que bello sería que fuéramos como árboles, cada uno dando lo mejor de sí, sin siquiera envidiar lo que el otro brinda, simplemente realizar nuestra obra, ya sea con frutos o sin ellos, con o sin follaje, pero con la firme encomienda de proporcionar lo que tenemos, total, alguien algún día notará nuestra ausencia dejando un enorme hueco difícil de cubrir.

Edgar Landa Hernández.

COMO PARTE DEL DÍA MUNDIAL DE NO FUMAR, les comparto el cuento: Tabaco / Autor: Alberto Calderón P.

Miró sus dedos amarillos de tantos cigarrillos que sostenía a lo largo del tiempo, igual se encontraban los dientes que le quedaban. Desaliñado, sin rasurar, puso su cara frente al espejo, éste seguía mudo como siempre, no era protagonista de historias fantásticas, solo mostraba la realidad de sus ralos pelos canosos espaciados sobre flácidos cachetes, en la cabeza unas cuantas cerdas coronaban esa calva pecosa. Un pensamiento fugaz pasó por su mente: limpiar su casa, desistió de inmediato no era muy necesario, había cosas más importantes como prender otro cigarro. A estas horas debió ser como el octavo. <<Qué más dá>>, se acercó a la hornilla de la estufa y jaló aire por su boca para atraer el fuego, sintió como el humo pasó por su garganta que enseguida reaccionó con una involuntaria tos de casi medio minuto, los ojos se le pusieron rojos, le brotaron lágrimas que limpió con su brazo cuando jalaba sus mocos, esa tos crónica solo se le calmó al darle otro jalón que fue tan fuerte que la brasa iluminó su cara, llenando sus pulmones de nicotina, y el rito se volvió a hacer presente. Con el dedo índice golpeó el lomo del pitillo y la otra mano la enconchó haciendo las veces de cenicero, el carbón cayó y de inmediato lo ingirió. Se vio los pies sucios, miró dirección del cuarto de baño pero no tenía humor para estar debajo de la regadera, corrió la cortina y abrió la ventana para tirar la colilla, el último residuo lo miró quemarse en su jardín que ahora era una extensión de su basurero; donde debería nacer el pasto morían los últimos vestigios de sus chicotes junto a otros desechos inservibles. Mas allá la banqueta parecía limpia, un poco más lejos una jacaranda estaba floreando. Pasó una motocicleta haciendo un ruido espantoso. <<cállate hijo de la chinga…, cof, cof, cof,>>, un nuevo acceso de tos le impidió terminar. En la esquina los vecinos esperaban el autobus de pasaje, de la tienda salían y entraban señoras quedándose a platicar en la acera, más allá se veía como subía el valle con un verde intenso de variadas tonalidades. Miró hacia adentro, todo en desorden, sucio, la casa toda olía a tabaco revuelto con aromas acres, los muebles tenían las marcas de las colillas mal puestas. Con una mano tomó su coca cola, con la otra giraba la perilla para abrir la puerta de la calle, al fin lo hizo y salió. Otra vez a toser, ahora menos. Avanzó unos cuantos pasos arrastrando sus chanclas, se paró en el límite de su casa y la banqueta, miró el horizonte era un día soleado, ni una sola nube. A lo lejos se dejaba ver en toda su majestuosidad la montaña, con un cigarrillo aun sin encender y en la otra mano su lata de refresco extendió los brazos con su camiseta de tirantes y dijo “que bonito día”.

 Otoño del 2008