PAM, UNA HISTORIA PARA CONTAR/ Maricarmen Delfín Delgado

¡Cuán grande riqueza es, aún en la pobreza, el ser hijo de buen padre!

Juan Luis Vives

La familia, es para nosotros la célula fundamental de la sociedad, es donde se aprenden los valores éticos y morales y la práctica de éstos, es donde se establecen los primeros vínculos afectivos, es el espacio donde nos sentimos seguros, confiados, donde nos aceptan como personas, como seres especiales sin importar, muchas veces, nuestras diferencias en algunos aspectos.

Quienes tienen una familia funcional son afortunados, han tenido la oportunidad de crecer con buenos cimientos morales que son la base donde se fundamenta el sano desarrollo físico, social y sicológico, con derechos y obligaciones que hacen a las personas responsables y respetuosas en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, no todos tienen la suerte de crecer en una familia estable, unida y amorosa, muchas personas optan por huir desde pequeños por situaciones que les perjudican física y emocionalmente, salen del núcleo familiar dañados en el aspecto sicológico lo que los convierte en presa fácil para la delincuencia, las adicciones y el suicidio.

Los fuertes lazos emocionales entre padres e hijos hacen necesario que unos y otros puedan aprender a ser emocionalmente inteligentes con el objetivo de conseguir vivir con mayor bienestar.

Desde los primeros años de vida, toda persona merece afecto, protección, comprensión y apoyo para sentirse segura y desarrollar su máximo potencial, es esencial un vínculo de confianza que se genera a través del apego, una relación especial con él o los integrantes del núcleo familiar encargados de esta función, este lazo natural es crucial con importantes consecuencias a lo largo de su existencia.

El apego puede darse en la relación con el padre o la madre, con uno de los profesores en el caso de la escuela, o con cualquier otra figura de autoridad y referencia que exista en un entorno concreto, como un vínculo seguro, sin embargo, puede transformarse en ansioso, inseguro o ambivalente.

Para Pamela resultó negativamente, el apego hacia los seres más importantes de su vida la condujo hasta la orilla del precipicio, a punto de caer sostenida sólo por la mano de Refugio, más tarde se aferraría al doctor y a la enfermera como cuerdas salvadoras para retrasar la caída. La vida familiar se tradujo en sufrimiento, en falacias sociales, en la caja de pandora de las quimeras paternas. 

La conducta humana es afectada por la herencia genética y por la experiencia, se moldea de acuerdo a las circunstancias familiares y sociales, aunado a ciertos acontecimientos reproducidos en el entorno que repercuten en el comportamiento humano. Cada persona nace dentro de un ambiente social y cultural compuesto por familia, comunidad, clase social, idioma, religión, y a la larga desarrolla muchas relaciones sociales, esta amalgama influye en la manera de pensar y comportarse de los pequeños, sobre todo, en la formación afectiva y emocional.

La hermosa niña de élite alta, rodeada de lujos, de fiestas, de reuniones sociales donde sus padres eran el centro de atracción, con auto del año, moderna casa, alumna en el mejor colegio particular, no tenía motivos para sentirse infeliz, tenía todo lo que otra adolescente de su edad pudiera desear, sin embargo, no poseía lo que otras sí: la atención, el calor de hogar, el cariño de sus padres. Sus afectos los sostenían su hermano y su nana Cuca.  Tal vez Alondra era la única amiga en el salón de clases.

El comportamiento humano está regido por normas específicas, cada comunidad tiene diferentes preceptos de cómo actuar ante determinadas circunstancias, lo que para algunos es correcto para otros no lo es, antiguos y modernos patrones morales influyen en la percepción del mundo social, determinan qué imposiciones y oportunidades experimentar, si afectarán el rumbo que posiblemente tomen sus vidas; no obstante, muchas personas viven muy diferente a las normas de su clase.

El padre, un abogado venido a más, gracias a la destreza jurídica y las amistades influyentes, tuvo la oportunidad de relacionarse con las altas esferas del poder lo que lo mantuvo alejado de los suyos, de la esposa, de los hijos en una etapa que su presencia era necesaria como formador, dador de amor y ejemplo a seguir. El interés por otras féminas derivó en desinterés por la compañera de vida, motivado por juergas y diversión. El alcohol surgió como acompañante imprescindible de la madre, sólo con él se sentía segura y fuerte, la hacía olvidar su realidad pero al mismo tiempo, a sus hijos.

El pilar que sostenía el endeble andamiaje era Refugio, solidaria y fiel trabajadora doméstica, encargada del funcionamiento de aquella casa tan grande y fría como las vidas de los seres que ahí habitaban, ansiosos de calor humano y amor, el que sólo Cuca podía darles.

Los padres alcohólicos dejan huellas profundas en la mente de sus hijos, por lo regular estos chicos crecen en un ambiente de caos, su forma de ser y de ver el mundo se va permeando por las experiencias alcohólicas de sus progenitores, lo que repercute en su forma de relacionarse con sus emociones.  Estas marcas se instalan soterradamente en la personalidad con la apariencia de actitudes positivas, sin embargo, en el fondo hay una herida abierta que tarde o temprano necesita ser curada.

La desidia se apoderó de Pam, el desinterés gobernaba sus actos, no le interesaba comer, ir a la escuela, hablar con su mejor amiga, sólo quería dormir todo el tiempo, había caído en una profunda depresión. Extrañaba la vida en sus primeros años, cuando todo giraba de manera feliz alrededor de una verdadera familia, con carencias económicas pero con amor. También la ausencia de su hermano le afectaba, su confidente, eran cómplices en sus pesares y secretos. Motivos que caían como una laja sobre su endeble cuerpo, de una adolescente de apenas quince años.

Lo que se considera aceptable de la conducta humana varía de una cultura a otra y de un tiempo a otro. Cada grupo social ha aceptado, en general, gamas de comportamiento para sus integrantes, quizá con algunas reglas específicas para subgrupos de hombres y mujeres. La conducta inusual puede considerarse como un atentado a lo ya establecido, o aceptarse como una excepción.

Rafael, el hijo mayor, no escapó a la vorágine que arrastró a su hermana, decidido huyó de casa al no ser aceptado por su propio padre, al ser humillado ante la confesión de su homosexualismo, golpeado y señalado como un ser monstruoso por su preferencia sexual. Decepcionado por la indiferencia materna decide tomar otro camino.

Los hospitales siquiátricos han sido vistos desde tiempo atrás como una  opción para problemas que la familia de los afectados no puede solucionar, la reclusión de personas con enfermedades mentales es lo más práctico para resolver la vida de todos los involucrados.

Así sucedió con Pamela, fue internada en una institución con la finalidad de aliviar su mente pero no su alma, curar los malestares físicos más no las heridas del corazón, dejar de ser una carga para sus padres y pasar a ser parte de una comunidad de chicas “problemáticas” para la sociedad. Dejaba atrás su casa, su complicada existencia para retomar un nuevo y esperanzador horizonte en manos del galeno amigo de su padre, en él y en su diligente asistente, depositaría su confianza y su vida.

Pam, una historia para contar, novela corta pero de impacto grande, en cada página el autor nos toca el corazón, remueve los sentimientos más profundos con su peculiar estilo, donde el lenguaje literario surge a la par de los acontecimientos, hechos desgarradores plagados de injusticias, de abusos, de indiferencia, de ternura, para hábilmente sorprendernos con inesperado final.

Como siempre, Edgar Landa se entrega en esta historia, impregnando su nobleza, su personalidad de hombre sensible de pluma fuerte. El tema nos refleja los tomados por autores como Xavier Velasco en la novela El diablo guardián, Matar un ruiseñor de Harper Lee, El adolescente de Dostoievski, Las ilusiones perdidas de Balzac, donde los jóvenes son los protagonistas como modelo a seguir para las primeras lecturas en la adolescencia.

En esta obra, nuestro amigo denota la experiencia que le han dado los años de constante escritura literaria, la práctica diaria en sus comentarios y artículos periodísticos; la madurez como escritor aflora en cada página, en la construcción de la trama, en el remate de la historia, en el mensaje logrado. Reconocemos y admiramos su calidad pero, sobre todo, su calidez, su entrega como creador y amigo, que comparte con su eterna sonrisa.

Imagen: Portada de la novela corta Pam, una historia para contar. Edit. Manantial entre Arenas

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