CON UNA PEQUEÑA AYUDA DE MIS AMIGOS / Por: Alberto Calderón P.

Consternados por su muerte, al siguiente día de su fallecimiento los amigos del poeta Gustavo Adolfo Bécquer se reúnen para recordar a su gran amigo y excelso poeta, entre ellos se encuentra: Augusto Ferrán, Narciso Campillo, Ramón Rodríguez Correa y José Casado del Alisal, coincidiendo en que el mejor homenaje que se le puede hacer a su amigo es la publicación de su obra.

Se dan a la tarea de organizar todos los textos dispersos, reúnen fondos y auspician la edición en dos tomos de Obras de G.A. Bécquer, esto en 1871 por la casa editorial Fortanet.

Es grato enterarse que, con una pequeña ayuda de sus amigos, forjaron los cimientos para conocer a un gran poeta, es aquí donde nace la leyenda. Bécquer, anterior a este afortunado episodio solo era conocido por un estrecho circulo. La cereza del pastel como se dice coloquialmente, la dio uno de sus entrañables Ramón Rodríguez Correa al hacer el prólogo a esa primera edición en donde menciona que fue un poeta incomprendido, marginado, que sufrió muchas privaciones debido a su precaria economía, se encontraba enfermo, sin embargo seguía siendo una romántico por excelencia, era bien conocida su elevada espiritualidad, lo pone como un mártir de las letras, agotada la primera edición la segunda aparece en 1877 aumentada y corregida, en ella el prologuista menciona que Bécquer murió en la oscuridad siendo pobre, -no alcanzó a ver la grandeza de su obra-. A partir del tino para ser publicado se convirtió en gloria de su patria y el viaje de las letras lo llevó a ser conocido y admirado en diversos países.

Tuvo dos anécdotas pictóricas póstumas y controversiales, una de ellas fue con el retrato que hizo su hermano Valeriano donde se aprecia con un gesto escéptico, seductor, con un porte elegante y conectando con el espectador a partir de la mirada, la obra se encuentra en el museo de Bellas Artes de Sevilla. El otro fue más controversial pintado por Salvador Sánchez Barbudo en 1879 que estuvo desde sus inicios para formar parte de la colección se Sevillanos Ilustres que se encuentra en el salón de lectura de la biblioteca colombiana de Sevilla, la catedral de Sevilla impidió exponerlo ahí, los círculos católicos lo consideraban heterodoxo, impío, peligroso y materialista, esta es la muestra que la iglesia ve con recelo: ¿vuelve el cuerpo al polvo? / ¿Vuelve el alma al cielo? / ¿todo es vil materia, / Podredumbre y cieno / No sé; pero hay algo / Que explicar no puedo, / que al par no infunde / repugnancia y duelo, / al dejar tan tristes, / tan solo los muertos.

Con esto vemos varias interpretaciones de la obra de Bécquer, mientras para el catolicismo de la época apreciaba cierto despego religioso y crítica al mismo, para el prologuista y otros seguidores contaba con una fuerza libertaria y autonomía propia, era el poeta más leído por las mujeres que veían en su poesía el amor, sobre el que andaban en su búsqueda.

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