AUTENTICIDAD/Maricarmen Delfín Delgado

Colombia, tierra fértil y productiva que aún conserva su pureza cultural, cuna de famosos, reflejo de lo nuestro pero con autenticidad. Así es la tierra de Colón, a kilómetros de distancia de mi país.

Horas de vuelo cruzando valles y mares, nuestras alas de metal brillaban sobre la ciudad, desde las alturas los cuadros de césped de variados verdes, alfombra vegetal que invitaba a meditar, extensiones de cultivos en una cuadrícula perfecta, cielo despejado, montaña y llanura a nuestros pies.

La temperatura agobiante abrazaba mi cuerpo, también el alma sentía el calor del colombiano, pieles color canela y de tono de sol, sonrisas sinceras calman el desconcierto por lo desconocido, palabras amables nos guían con cariño para emprender nuestra aventura, literaria y de vida, pues no sólo las letras nos identificaron, también el amor por el alimento del alma como lo es la poesía.

El día estaba exacto en su mitad, el cenit apuntaba sobre mi cabeza e intimidaba al tiempo, las horas se disolvieron hasta convertirse en minutos que, como en el reloj de  arena, se escurrían en mis manos hasta marcar la hora señalada para partir.

Ahí estaba, frente a nuestros ojos, el imponente valle con tonos de esmeralda, con ese hilo de agua y piedras como su columna vertebral, con gente de amplia sonrisa y lenguaje amable, con el cobijo del Cristo que consuela al necesitado desde el interior de la basílica símbolo mundial del pueblo, con la bóveda celeste envolviendo el entorno, con el suspiro que la montaña ha convertido en viento, con la caricia del sol y la mirada silenciosa de los tejados que como graciosos peinados adornan los caserones.

Guadalajara de Buga Valle de Cauca, Colombia, Ciudad Señora la llaman sus habitantes y así es conocida por propios y extranjeros, hermosa y con la estampa que guarda todo lo tradicional, nos brindó su cobijo incondicional. Aquí aprendí que  el caldo de gallina con huevera y yuca, el sancocho de gallina, el arroz atollado, la yuca, la carne de cerdo y el plátano verde, son manjares de los dioses, delicias ancestrales, sabores con identidad y arraigo. Costillas de cerdo, papas fritas y arepas deleitan al invitado.

Paraíso frutal con colores, aromas y sabores que inducen a la tentación, tu lulo me conquistó, el jugo de caña recién extraído de la dura pulpa me transporto a los antiguos alambiques donde tu aguardiente calienta la garganta al igual que la sangre colombiana sabe dar calor al extranjero.

El sol brillaba al pasar las 5  de la mañana, el día en Colombia nace a esa hora, la luz natural reina desde muy temprano, la visita a la Basílica del Señor Milagroso de Buga es imperdonable, templo de bella arquitectura a igual que sus retablos, columnas, decorados, cenefas y nichos que resguardan a santidades diversas, a un costado la imponente imagen del cristo moreno con el rostro inclinado, de expresión sublime, para decirnos: “conozco tu pena y estoy aquí, esperándote para darte el consuelo que necesitas”.

Así es Colombia, así es Guadalajara de Buga, Ciudad Señora, esmeralda entre montañas, joya reflejada en el espejo cristalino del río de piedras, tradición y cultura, gente que brilla como el oro de sus antepasados.

Imagen: Buga Señorial, Aracelly Melo C., acrílico sobre lienzo.

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